viernes, 23 de noviembre de 2018

¿Para qué sirve hoy España?


Pablo Iglesias se planteaba en el diario El País la siguiente pregunta: “¿Para qué sirve hoy la Monarquía?. En el artículo no contesta a la cuestión, ni siquiera se aproxima un poco a la respuesta. Y esto es así porque el líder de Podemos no quiere darle respuesta. Si Pablo Iglesias quería plantear un debate sobre la forma del Estado, hubiera sido más correcto preguntarse: ¿por qué España es una Monarquía Parlamentaria? Quizás en la respuesta a esa pregunta hubiera tenido algún sentido sus invocaciones a la dictadura franquista o su particular revisionismo de la Transición. No obstante, tampoco hubiera podido soslayar las profundas raíces de la institución, que se hunden hasta la propia génesis de España.
Desde un punto de vista formal lo capcioso de la pregunta salta a la vista. Quiero decir que para responder bastaba con acudir al Título II de la Constitución. Ahí está recogida la entidad de la Corona, incluida la cuestión sucesoria y particularmente, en el artículo 62, las funciones del Rey. Es decir, era muy sencillo contestar “¿para qué sirve la Monarquía?”, igual de sencillo que resultaría contestar para qué sirven las Cortes, el Presidente del Gobierno o el Tribunal Constitucional. Está todo en la Constitución y Pablo Iglesias la conoce muy bien.
Entonces, si la repuesta no está en la Constitución (de hecho está totalmente fuera de la Constitución y ahora intentaré argumentarlo), tampoco puede estar en la reforma de la misma. Si, como argumenta Pablo Iglesias, los españoles aceptaron la Monarquía desde una visión pragmática para controlar a un Ejército predemocrático, qué legitimidad podemos otorgarle entonces al resto de instituciones que surgen de ese mismo proceso. Siguiendo la misma lógica ¿cómo explica el señor Iglesias el Título VIII de la Constitución? ¿Las Comunidades Autónomas también reciben “la aceptación implícita de una ciudadanía pragmática”? Así pues, no se trata tanto de un conflicto con la forma del Estado, se trata de un conflicto con el Estado mismo.
El cuestionamiento de la Corona mal disimula un embate contra la Constitución. Hubiera sido más honesto que el secretario general de Podemos se hubiera preguntado para qué sirve la Constitución. Pero entonces sus intenciones hubieran quedado al descubierto y resulta más fácil anatemizar contra la Monarquía antes que afirmar claramente que quieres derribar la Ley que garantiza nuestros derechos y nuestras libertades.
Como él mismo admite, que la Jefatura del Estado sea o no electiva no determina el carácter democrático de un régimen. Yo añadiría que ni siquiera la existencia de urnas, plebiscitos o consultas supone un síntoma constitutivo per se de que el régimen en cuestión sea ni por aproximación una democracia. No obstante, la excusa de “profundizar en nuestra democracia” le sirve para sembrar la duda, porque, nos explica el profesor de Ciencia Política, igual que diríamos que un Estado que permite el matrimonio entre dos personas del mismo sexo es más democrático que otro que no lo permite, “que a la jefatura del Estado se acceda por elecciones y no por fecundación sería profundizar en nuestra democracia”.
Es un buen intento para confundirnos. Mezcla una cuestión de derechos civiles con un dilema sobre la forma del Estado. Siguiendo esta lógica, ¿podríamos decir, por ejemplo, que elegir al Presidente del Gobierno mediante sufragio directo en vez de a través del Congreso nos conduciría a una democracia de mayor calidad?  O ¿estaríamos en condiciones de afirmar que Francia o Estados Unidos son países más democráticos que Reino Unido o Alemania porque sus ciudadanos eligen por sufragio directo al Jefe del Estado? (y eso ni siquiera es del todo así en la democracia americana).
Entonces, de qué estamos hablando. Por qué esa condescendencia con la que Pablo Iglesias nos trata a los españoles, sus compatriotas, al insistir en que después de madurar cuarenta años ahora nos vemos libres para decidir entre una disyuntiva inventada por él. Un debate ficticio por inexistente, el de Monarquía contra República, que enmascara el auténtico debate, que es entre democracia y tiranía, entre España y los que anhelan su liquidación.
Conviene decirlo a las claras y de una vez. Quieren acabar con el Rey porque quieren acabar con España.
La Corona se ha demostrado como una eficaz garantía contra los que quieren romper España saltándose la Constitución. No es cierto que el Rey fracasara el 3 de octubre. Al contrario, aquel día Felipe VI hizo patente no solo la utilidad, sino también el sentido profundo de la Monarquía. La parte solemne del Estado, que diría Bagehot, con toda su autoridad y toda su legitimidad señaló la hora difícil que se cernía sobre España.
Evidentemente el Rey no cuenta con las simpatías de los secesionistas de Cataluña y el País Vasco, como afirma Iglesias en su tribuna, pero no por ser Rey, sino por ser un Rey constitucional. El problema del secesionismo no es con la forma del Estado, como nos sugiere el líder de Podemos, el problema es con el Estado mismo.
Dudo mucho que la solución a las tensiones territoriales sea el exilio del Rey y la proclamación de una República, por muy plurinacional y feminista que esta quiera ser. España, la Nación española, no se agota en la forma que adquiera su Estado ni en la Constitución que se fundamente sobre ella. Resulta ahora evidente que tanto Pablo Iglesias como los secesionistas no tienen especial problema con el Título II de la Constitución, más bien sus frustraciones residen en el Título Preliminar. Por eso, más que preguntarse para qué sirve la Monarquía, lo que Pablo Iglesias se debería preguntar es para qué sirve España. Convendría que, esta vez sí, diera una respuesta cuanto antes.
Por Fígaro.

La contrarreforma laboral


Un nuevo y eterno señuelo para no convocar  elecciones y seguir perdiendo el tiempo
Una vez que el señuelo de la firma del acuerdo presupuestario con Podemos se empieza a complicarPedro Sánchez lanzó el pasado lunes 12 de noviembre, en un encuentro organizado por el diario Expansión, uno nuevo; la eterna contrarreforma laboral. Contó lo menos lesivo, buena parte de la cual ya tenía preparado el gobierno del Partido Popular, y ocultó lo más perjudicial, que acordó con Podemos en su pacto presupuestario.
El gobierno muestra así su estrategia para mantenerse en el poder, anunciando semana tras semana nuevos señuelos que justifiquen su existencia, evitando convocar elecciones, aunque sea a costa de retrasar la configuración de un nuevo gobierno sólido que permita la aprobación de medidas eficaces para hacer frente a la desaceleración económica, que ya se ha iniciado, y a los retos del presente y el futuro del mercado de trabajo.
Sánchez destacó parte de sus planes en materia laboral, aquellos en los que hay más acuerdo en el diálogo social. Ocultó los más radicales, que incorpora el pacto presupuestario con Podemos, que suponen derogar el núcleo de la reforma laboral.
Respecto a los planes anunciados, destaca la reducción del número de contratos de trabajo a tres, la reducción del número de bonificaciones a la contratación, la aprobación de un plan de choque por el empleo juvenil, el impulso a la FP Dual y la recuperación de la jubilación forzosa de trabajadores en convenio. La reducción de contratos de trabajo a tres, figura en el acuerdo de legislatura PP-Cs, y de hecho, por ello, el Gobierno anterior redactó una modificación del Estatuto de los Trabajadores y la presentó en la mesa de diálogo social. El plan de choque por el empleo juvenil se prevé que sea una ampliación del acuerdo ya alcanzado por el Gobierno anterior, pero incorporando más gasto (3.000 orientadores -previsiblemente agentes sociales.). La reducción de bonificaciones a la contratación es un objetivo recurrente que suele chocar con la dificultad de elegir al colectivo que las disfruta hoy y no en el futuro (jóvenes, mujeres, mayores de 45…). Y la recuperación de la jubilación forzosasorprendentemente acordada entre sindicatos y patronales una aberración inconstitucional que pretende obligar a las personas de mayor edad a jubilarse en contra de su voluntad. Ello supone derogar una medida de la reforma laboral de 2012, que prohibió las cláusulas de jubilación forzosa de los trabajadores en convenios colectivos. Va en contra de la libertad, y sobre todo, contra la lógica del envejecimiento activo. Se plantea como medida para el impulso de empleo juvenil como si para emplear los jóvenes en nuestro país fuera necesario jubilar a los trabajadores con más experiencia.
Por tratarse de un foro empresarial, Sánchez ocultó sus planes más lesivos, consignado en el acuerdo presupuestario con Podemos. Lejos de lo que asegura la ministra de Economía a los mercados, el Gobierno no sólo pretende derogar los elementos nucleares de la reforma laboral (prioridad aplicativa del convenio de sector, limitación del descuelgue convenios en situaciones de crisis o la limitación a la ultractividad de los convenios caducados) sino que baraja ir más allá y hacer más rígida la normativa laboral en aspectos que la reforma ni siquiera modificó (limitando la posibilidad de realizar contratos temporales y la flexibilidad de la negociación colectiva en la subcontraración, o estableciendo nuevos requisitos de control de jornada, por ejemplo).
Todo ello no solo supone claramente ir contra el corazón de la reforma laboral de 2012 sino contra la lógica de dinamización, flexibilización y acercamiento de la negociación colectiva al tejido productivo. Alejar la negociación colectiva de la empresa, limitar la flexibilidad interna en momentos de ajuste, y evitar que los convenios actualicen en función de la realidad actual de los sectores, supone un importantísimo paso atrás en la modernización de nuestro marco de relaciones laborales, ahora que precisamente debería adaptarse a los desafíos del presente y futuro del trabajo.
La aritmética parlamentaria permite prever que pocos o ninguno de estos cambios, ni los menos lesivos, ni los más, serán trasladados al BOE, afortunadamente. Son un nuevo señuelo del gobierno socialista para seguir perdiendo el tiempo con el único fin de mantener el poder. Un tiempo que España no puede permitirse perder.
Por Fígaro. 

Mentes conformadas


Cuando en los pasados sesenta por aquí se hablaba de modernidad, todavía se podía ocultar bajo los resplandores de su propio nombre y de la ciencia o de la vieja democracia cualquier cosa, y hasta se utilizaron como abracadabras; pero en la vigencia de los tiempo siguientes, nietzscheanos y nihilistas, tanto el horror como la estupidez se aceptan tranquilamente, y hasta como liberación de la losa del pasado con título de tiniebla y opresión.
Hace más de medio siglo que Sir Bertrand Russell, sin duda consciente de las inmensas proporciones que tomaría la gran manipulación de las inteligencias y las conciencias, o ingeniería del alma, que ya por entonces era soberana, dijo aquello de que, si le daban una sociedad con bienestar económico, en muy poco tiempo lograría hacerla creer que los pollos se asan en la nevera, y se congelan en el horno. Y bien pudo chocar entonces tal afirmación incluso como figura retórica, pero no en esta hora cuando ya sabemos que veintisiete pueden ser más que veintiocho, si conviene a “la praxis”, el Holocausto de miles de vidas humanas, si no se las llama humanas y ello conviene a la especie.
Así que, puestos como ya estamos en el camino de la humillación de la razón, se puede llegar adonde plazca a los señores de este mundo, y las mentes de las gentes pueden ser ampliadas con mera necedad, o sustituidas por mentes artificiales ante las que se muestra una absoluta adoración.
Pero, como ya sabía muy bien el señor Dostoievski, y lo practicarían el señor Lenin y el señor Hitler, liquidando por lo pronto la antigua cultura, especialmente judeo-cristiana, y luego nuestro yo, todo queda abierto al adoctrinamiento del dios Estado. Y, desgraciadamente, en este asunto las democracias parecen escaso valladar y pueden ser arrolladas, una vez más, por las tiranías. Ya he recordado más de una vez la predicción de Romano Guardini de que se repetiría lo ocurrido en la Alemania nazi, o en la Rusia sovietizada, “quizá de modo más destructivo, por estar disfrazado de razonabilidad y humanidad” y por lo tanto sin ocultamientos y convirtiendo el crimen en derecho.
En aquel tiempo todavía se ocultaban estupidez y horror, entre otras razones porque se sabía que horror y estupidez serían reconocidos y podían resistirse y rechazarse, como efectivamente ocurrió. Pero, cuando la manipulación de los cerebros y las sensibilidades ya ha comenzado a tener una cierta entidad, el triunfo del Amo hacia el que todo esto se encamina será ansiosamente recibido como liberador. 
La revolución francesa creyó haber sepultado para siempre la tiranía y la esclavitud, y nadie podría imaginar que de las entrañas de dos grandes repúblicas, que habían derribado el poder de dos seculares reinos, naciesen los imperios de iniquidad y de muerte, el nacionalsocialismo y el socialismo real, que superarían -en un tiempo récord, con cifras astronómicas, y la perversión mental y de lenguaje que causaron y siguen causando- a todos los criminales de la Historia. Y ahora nosotros tendremos que inventar un mundo, por lo menos sin las siniestras huellas de la ideología, “la semilla del diablo” que decía Leszek Kolakowski.
Por Fígaro. 

La inhibición del fracaso en beneficio de la autoestima


La política educativa es, y no debiera serlo, un campo de batalla ideológico habitual que olvida a menudo su verdadero objetivo: la mejora de la formación y de la capacitación de los alumnos, sus verdaderos protagonistas.
El mejor instrumento que podemos poner en manos de cualquier individuo para que logre mejorar su nivel de vida es la educación. Evitarles la posibilidad de tener una educación de calidad, incardinada en un proyecto o modelo educativo que sea estable en el tiempo y que dé certeza de sus objetivos y fines, es privar a los alumnos de la oportunidad de mejorar su propia condición social. En suma, limitarles su crecimiento personal.
Lo que resulta aún más grave y llamativo, y no vemos habitualmente en el debate político, es que procediendo de esta manera se está perjudicando a todos aquellos que, partiendo de situaciones desfavorecidas, tienen menos posibilidades de lograr una educación de calidad. De este modo, quedan sometidos a lo que pueda proporcionarles el sector público. Porque, además, al hacerles dependientes les estamos privando de su Libertad en su sentido más amplio.
A ello se suma una falta de voluntad de alcanzar un acuerdo sobre las cuestiones verdaderamente importantes, algo que no es sino una muestra más de sectarismo impropio de un país que pretende estar a la vanguardia del mundo actual.
Mientras el debate educativo se centra hoy en cuestiones como los retos que planea la digitalización, en España parecen querer obligarnos a que sigamos anclados en un debate sobre itinerarios, el nivel de detalle de una norma o la enseñanza de la religión. Un debate que se viene produciendo desde los debates constituyentes que culminaron con el primer gran pacto educativo, el artículo 27 de la Constitución, pero que algunos se empeñan en no superar hasta que quede impuesta su voluntad.
Hace casi dos años, en diciembre de 2016, comenzaba sus trabajos una subcomisión Parlamentaria que tenía la difícil tarea de lograr el Pacto Educativo. Después de 15 meses de trabajo y más de 80 comparecencias, el Grupo Socialista, tras un aviso del hoy Presidente del Gobierno, decidía levantarse de las negociaciones con la excusa de que no se atendía a su petición de conseguir una financiación mínima. Algo que, cuando se concedió, también rechazaron.
Dejando de lado este debate -que no es baladí-, ocho meses después el Ejecutivo nos presenta una nueva reforma educativa que rompe con cualquier idea de pacto al señalar en su introducción, y sin lugar a dudas, que “razones de urgencia y oportunidad” -y subrayo oportunidad- llevan al Gobierno a proponer una modificación en la ley “a la espera de poder llevar a cabo, más adelante, con el mayor acuerdo posible, una reforma integral de la normativa existente, de la que esta será solo un anticipo”. Toda una declaración de principios.
La propuesta se articula en seis bloques y sorprende que precisamente la equidad, un bloque que no quisieron sentarse a debatir en la subcomisión en el Congreso, sea el elegido como el primero de esta propuesta. Una equidad mal entendida y que ha centrado el debate estos días en lo relativo a las repeticiones de curso y los problemas de autoestima que, a juicio de la Ministra Celaá, genera en los alumnos esta circunstancia. Haríamos bien en preguntar a la Ministra si no considera que generará un problema mayor de autoestima decirle a una persona que no va a ser capaz de alcanzar un resultado por sí misma por mucho que se esfuerce, o explicarles a otros que da igual lo que trabajen en conseguir una meta porque el resultado va a ser igual para todos, y, al conjunto de ellos, que el esfuerzo no merece la pena.
La lectura detenida de la misma, comenzando por la negación de la reciente jurisprudencia del Tribunal Constitucional de abril de este año sobre los conciertos y la libertad de elegir – también centros de educación diferenciada-, por ejemplo, reaviva viejos debates que hoy deberíamos considerar superados y que, en ocasiones, como ocurre con la religión en las aulas, nos recuerdan a tiempos pasados que consideraríamos fruto de una terrible casualidad si no asistiéramos a un revisionismo de la historia que fractura cada día más los pactos de la Transición.
El corto plazo a la hora de afrontar políticas educativas, y plantearlas sólo desde una perspectiva parcial, es uno de los grandes errores de las políticas sociales en nuestro país y en gran parte del mundo occidental, pero es especialmente grave si pensamos en la educación.
La riqueza que proporciona enfrentar un problema desde distintos puntos de vista y planteamientos ideológicos se pierde cuando se olvida el objetivo y se utiliza, una vez más, como esta última propuesta, para enfrentar posturas.
Esta situación por sí misma refleja una falta de madurez democrática. De poco sirve apelar a grandes principios e ideas si no se está dispuesto a pensar en el destinatario y a olvidar planteamientos interesados y pensar qué necesita nuestro país a medio y largo plazo. Porque un cambio de proyecto sin un análisis de la realidad, y sin más prisma que el ideológico, afecta a procesos en marcha que implican algo tan importante como el aprendizaje; pero además perturban procesos en marcha que impiden, una vez más, la evaluación, el análisis, la comparación y, lo más importante, el perfeccionamiento del propio modelo educativo.
Por Fígaro. 

Por un liberalismo humilde



¿Quién es responsable de mayor cantidad de mal en el mundo: la gente malvada, la mediocre, o acaso los bondadosos?
No solo los cuentos infantiles, sino también cierto sentido común nos inclinaría a pensar que son las personas malas las que cometen la mayor parte del mal. Parecería casi una tautología.
Por ello cuando, allá por los años 70, Hannah Arendt describió como “la triste verdad” de nuestra época que “el mal lo hacen, la mayor parte de las veces, aquellos que no se han decidido, o no han decidido actuar, ni por el mal ni por el bien”, esta judía alemana levantó los lógicos reparos. ¿Cómo era posible que el mal lo hiciera gente banal, normalita, y no entes maléficos? ¿Acaso no había sido Hitler, y los nazis (como Eichmann), y sus colaboradores, engendros especialmente insólitos? ¿No habían optado por el mal, se habían rebozado en el mal, habían caído derrotados junto con ese mal? ¿Cómo podía Arendt afirmar que la mayor parte del mal lo hace la gente mediocre, regulera, casi sin darse ni cuenta, y no la gente mala, a malas?
Sin embargo, pese a tanto reproche, lo que Arendt había filosofado lo irían confirmando los psicólogos en las décadas posteriores. Así, Philip Zimbardo nos mostraría que, sometidos a circunstancias extraordinarias, incluso unos meros estudiantes de la elitista Universidad de Stanford podían comportarse con la crueldad del más sádico carcelero. Stanley Milgram había aducido ya antes que un porcentaje considerable de nuestros congéneres (65 % según su estudio) eran capaces de infligir descargas letales de 450 voltios a otros humanos solo con que se lo ordenara el director de un laboratorio. Cuando hace unos años se repitió su experimento fingiendo que se rodaba un concurso de televisión la cifra alcanzó el 81 % de potenciales homicidas.
Ahora bien, apenas se estaba recuperando nuestra conciencia de este shock, de que tanto mal lo pueda cometer la gente más normalita, cuando un nuevo estudio vino a erizar aún más la cosa. Su autor fue otro psicólogo, Roy Baumeister, en el libro que le dedicó a la violencia y crueldad humanas allá por 1997.
Bausmeister descubría allí que los agresores no suelen verse a sí mismos como si actuaran de modo malvado. De hecho, ni siquiera se ven como gente trivial actuando de forma rutinaria. La horrenda verdad es que con frecuencia se contemplan como personas que han decidido actuar a favor del bien; como víctimas que por fin hacen justicia a quien les atropellaba a ellos o laceraba a otros. Se convierten así, a sus propios ojos, en auténticos salvadores. Puesto que la violencia se da a menudo en medio de conflictos en que todas las partes han puesto su granito de ella, al agresor que asesta el golpe final le resulta fácil reputarse como un excelente tipo que simplemente se defiende. O nos defiende. No son el sadismo ni la ambición las fuentes de la mayor parte del mal que nos rodea, concluía Baumeister; ni siquiera lo son el pasotismo o la banalidad: lo es gente inquietantemente convencida de lo bondadosa que resulta. La autoestima alta y el idealismo son las peores armas de destrucción masiva.
Estas ideas suscitaron la esperable controversia en su momento; pero, en los veintiún años transcurridos desde entonces, numerosos aportes las han ido confirmando. Autores tan variopintos como René Girard, Paul Bloom, Kate Manne, Johannes Lang, Bradley Campbell y Randall Collins han venido a corroborar sus análisis: “Cuanto mayor es el sentimiento de nuestra bondad, resulta más fácil cometer un mal” ha resumido el último citado. Lo había advertido ya la filósofa Simone Weil: “Se puede ser injusto por voluntad de ofender a la justicia o por una mala lectura de lo que es la justicia. Pero casi siempre es el segundo caso el que se da”. Y dos milenios atrás San Juan había apuntado en igual sentido: “Llega la hora en que todo el que os quite la vida pensará estar prestando un servicio a Dios”.
Por eso hablan, irónicos, de una “violencia virtuosa” otros dos autores de esta misma línea, Alan Fiske y Tage Rai. En suma, hoy ya existe una sólida cantidad de trabajo académico que duda de que, antes de ejercer violencia sobre un semejante, siempre lo deshumanicemos: en realidad lo que suele ocurrir es que lo vemos como humano, pero un humano bellaco al que es nuestro deber, o al menos nuestro derecho, dar una buena lección.
¿Qué conclusiones cabe extraer de esta maldad de los bondadosos? Aquí me concentraré solo en una faceta de ello: la política. Son muchos los que creen que una ideología es mejor cuanto más idealista resulte. Que un político es preferible cuanto más nos prometa castigar a los malvados y mayor virtud exhiba. Que un partido es más loable cuanto más decidido se muestre en conseguir un mundo de mayor bondad (léase solidaridad, igualdad, justicia…).
Pero la enseñanza de Baumeister, Bloom o Girard es exactamente la opuesta. Hay que andar precavidos ante quien aspira al poder exhibiendo ante todo su integridad ética, sus deseos justicieros, su bondad. No necesitamos políticos que quieran implantarnos un mundo, o un país, ideal. Necesitamos de esos otros que, más humildes, se conformen con ir resolviendo los problemillas (o problemones) que nos vayan surgiendo. En una España como la actual, que tras la crisis económica padece un virulento ataque de moralina, todo esto puede resultar chocante.
Mas se trata en todo caso de un enfoque coincidente con el que han defendido pensadores políticos recientes. Caben en él autores tan diferentes como lo son un Isaiah Berlin (que insistió para que abordásemos más humildes la política) y un Friedrich A. Hayek (que nos previno, y así tituló uno de sus libros, contra la fatal arrogancia de quien pretende resolver el mundo con solo gobernar). Raymond Aron caminaba o Steven Lukes camina en un sentido similar. Se trata de intelectuales liberales en un sentido laxo, muy laxo, del término; tan amplio, que no tiene inconveniente en rozarse con otro tipo de pensamiento, el conservador, siempre cauto ante cualquier programa de cambio radical basado solo en nuestras “buenas intenciones”.
Podemos hablar, pues, de un liberalismo humilde, o de un liberalismo conservador, o de un liberalismo que rehúye toda idolatría. Una autora que captó bien esta idea es la letona-judía-estadounidense Judith Shklar, de quien este año celebramos el 90 aniversario. Creo que ella nos dio la clave de en qué se han equivocado tantos filósofos y políticos, incluidos algunos liberales, durante los últimos siglos. Su error es que intentaron definir (o conseguir) una sociedad buena. ¿Por qué no conformarnos, pensaba Shklar, con lograr una sociedad menos mala?
No es un mero juego de palabras. De hecho, la idea de Shklar parece tan razonable que solo personas particularmente obtusas como los filósofos y los políticos han podido pasarla tanto tiempo por alto. Pero seguro que usted, amigo lector, ha vivido cosas que apuntan en esta línea. Fijo que ha notado que es muy difícil ponerse de acuerdo con los demás en cómo sería una sociedad perfecta; pero que es extraordinariamente fácil coincidir con la gente razonable en qué cosas hacen de cualquier lugar uno mucho más mezquino. La crueldad de los torturadores venezolanos, por ejemplo, que hace unos días nos narraba Lorent Saleh. O las quince violaciones diarias padecidas por cada niña nigeriana tras que las raptara Boko Haram.
En vez de discutir sobre la sociedad ideal, como habían hecho tantos pensadores antes que ella, Shklar nos sugirió ser humildes: conformarnos con evitar la crueldad y contener la humillación. Campo de acción ahí no nos falta, por desgracia. Ella denominó “liberalismo del miedo” a lo que aquí venimos llamando “liberalismo humilde”. Mas el nombre da igual siempre que entendamos que ni la referencia al miedo debe atenazarnos en el combate, ni el adjetivo “humilde” equivale a “pusilánime”. Al contrario: aunque un liberalismo humilde no nos ofrece ningún luminoso edén al final de nuestro camino, sí que nos recuerda los infiernos que hemos de dejar atrás. Y uno no corre más resuelto cuando anhela las guirnaldas de una meta brillante que cuando escapa de las llagas de un suplicio.
Por Fígaro.

La convergencia antisistema gana terreno



No es la primera vez que advertimos en Floridablanca sobre la convergencia de intereses entre el secesionismo y el populismo. Ambos ismos tenían y tienen como objetivo liquidar el orden constitucional. Lo más grave, sin embargo, es que estos dos enemigos de la España constitucional, de la libertad, de los derechos fundamentales y de la igualdad de todos los españoles ante la ley, cuentan hoy con un aliado en el Gobierno de la Nación, el PSOE de Pedro Sánchez, cada vez más alejado de aquella socialdemocracia que tuvo un papel esencial en la consolidación de nuestra monarquía parlamentaria.
Mal haríamos en no tomar en serio la acción del Gobierno. Las ambigüedades y contradicciones del presidente y la vicepresidenta sobre las responsabilidades penales que han de afrontar los cabecillas de la intentona secesionista no deben ser tomadas a broma. Y se equivoca quien las interprete como un síntoma de debilidad, porque este Gobierno no puede ser juzgado con los parámetros habituales, sino desde el objetivo indisimulado de concentrar el poder mediante la confusión entre los poderes y las funciones de las instituciones, pasando por encima de los frenos y contrapesos propios del Estado de derecho.
Hay que partir de la base de que éste es un gobierno instalado en la posverdad. La señora Calvo es un claro ejemplo. Le da igual la verdad, porque no cree en su existencia ni en la responsabilidad de lo que afirma un cargo público. Las palabras son un mero instrumento para perpetuarse en el poder desde una exigua representación parlamentaria. El poder por el poder. Esta expresión, usada en ocasiones con cierta ligereza para poner de manifiesto la ausencia de un proyecto político, encierra una descarnada realidad. Hay un proyecto político: la permanencia a toda costa en el poder, sin pesos ni contrapesos.
La consecución de tal proyecto requiere -y en esto convergen los intereses entre el PSOE, Podemos, PDeCAT, Bildu y demás fuerzas nacionalistas-, el debilitamiento del Estado de derecho y la pauperización, lenta pero progresiva, de nuestra institucionalidad. El deterioro institucional, además, se gestiona desde las propias instituciones, haciendo que entren en conflicto. Clara muestra de ello es la posición de la Abogacía del Estado, en contraste con la de la Fiscalía, sobre el tipo de delito cometido por los separatistas. A ello se une la descarnada apropiación de las instituciones, como ha manifestado sin rubor alguno el ministro de Fomento, el señor Ábalos: “Es lo normal, usamos la Abogacía del Estado como usamos los gabinetes de comunicación”.
Otro ejemplo lo constituyen las abiertas presiones a la Judicatura. Otro es la permisividad ante la reconstrucción del aparato diplomático separatista, mientras el resto de regiones de España cumplen sus obligaciones con la lealtad institucional propia del juego democrático. Otro más es la negociación de los Presupuestos Generales del Estado en la cárcel. Suma y sigue.
El éxito de esta confrontación entre los poderes del Estado, el debilitamiento de la Constitución y el uso de los medios públicos a favor de una inversión moral de lo que representa nuestro sistema político (véase cómo tituló TVE el acto de España Ciudadana en Alsasua: “miles de personas defienden Alsasua frente al ‘agravio’ de España Ciudadana”) tienen unos claros beneficiarios: los secesionistas, los antisistema y el PSOE. No hay, por tanto, motivos para la tranquilidad y sí para la preocupación. Nuestro modelo institucional ha resistido y es fuerte, pero no es imbatible como hemos aprendido de la historia.
Las condiciones que está creando el PSOE desde el Gobierno, en consonancia con sus socios, son favorables a los objetivos de los antisistema y de los secesionistas a corto y a largo plazo. A corto, porque están tensionando la institucionalidad hasta límites insospechados; a largo, por los efectos negativos de las actuales políticas en el ámbito socioeconómico. España necesita reformas que aseguren su competitividad, adaptar el país a la revolución digital, dinamizar su marco laboral, afrontar el desafío demográfico y la sostenibilidad de las pensiones. Sin embargo, la agenda del actual Gobierno nos conduce a más paro y mayor empobrecimiento de las clases medias, que son las garantes de la democracia en los países desarrollados.
El país no está, ni de lejos, preparado para afrontar otra crisis. Todo lo contrario. Disponemos de menos medios para paliar sus efectos que en 2008, lo que produciría un estado de opinión proclive a cuestionar aún más las instituciones y la base de su arquitectura: la Constitución. Es decir, los propios demoledores del sistema se presentarían como los nuevos salvadores a través de una alternativa constituyente que no sería otra cosa que un nuevo orden contrario al pluralismo característico de las democracias liberales, a la separación de poderes y a la dignidad de la persona como sujeto de derecho.
La estrategia de quienes quieren poner fecha de caducidad a nuestro orden constitucional está clara. De momento van ganando. Urge que los partidos constitucionalistas se reagrupen y pacten una agenda común destinada a fortalecer las reglas del juego político y los consensos básicos sobre los que hemos asentado la etapa democrática de mayor libertad y prosperidad de la historia de España.
Por Fígaro. 

UNIÓN POR EL MEDITERRÁNEO, PERCEPTIVA DE FUTURO


  1. INTRODUCCIÓN
En relación al futuro de la Unión por el Mediterráneo (UPM), se remite la siguiente valoración.

  1. ANÁLISIS
“La Unión por el Mediterráneo”,  es una organización internacional que puso en marcha la Unión Europea en 1995, entre los países miembros y los estados vecinos de la cuenca del Mediterráneo. El objetivo principal, fue profundizar la coordinación internacional entre todos los países de la zona, acercando sus dos orillas mediante el refuerzo de los vínculos regionales y la implementación de proyectos concretos, fundamentalmente centrados en el desarrollo económico y social.  La UPM, está integrada por todos los Estados miembros de la Unión Europea, Estados norteafricanos y de Oriente Medio del ámbito mediterráneo, incluyendo a miembros de la Liga Árabe, Turquía e Israel. La sede de la Secretaría está en Barcelona.
Entre los retos principales destacamos;  la seguridad,  los flujos migratorios, el desempleo, la convivencia en la diversidad y el cambio climático. En este sentido, cabe destacar la necesidad de impulsar la integración económica y comercial entre los países de la región, como una de las estrategias para generar riqueza y creación de empleo dirigido a  los más jóvenes. La implementación de proyectos medioambientales o la gestión del agua, son sólo algunos de las áreas de interés que, enmarcadas dentro de la Agenda 2030 de Naciones Unidas sobre desarrollo sostenible, están teniendo lugar dentro de las actividades que realiza la UPM.
No obstante, la UPM afronta desafíos importantes, siendo clave, la resolución del conflicto palestino-israelí, que en más de una ocasión ha paralizado el funcionamiento de la organización. Otros obstáculos han sido la falta de implicación al más alto nivel de algunas naciones o la falta de consenso entre sus miembros en determinados asuntos, como por ejemplo, la definición de terrorismo.
La realidad  nos demuestra que  la UE, sigue enfocada más hacia el Este del Continente que hacia el Mediterráneo. Las reticencias y diferencias existentes dentro de Europa, han lastrado el desarrollo de la iniciativa mediterránea. Los países de la orilla sur, por otro lado, ante la perspectiva de resultados poco satisfactorios y concretos,  han optado  por las relaciones   bilaterales con  la UE,   en detrimento de la  multilateralidad.
A pesar de los obstáculos, con el paso de los años,  la UPM ha ido ganando en importancia, gracias buena medida por el aumento de los desafíos estratégicos que afectan a la región, siendo los más importantes e inmediatos los flujos migratorios o la inestabilidad en Libia y Siria.

  1. CONCLUSIÓN
El sistema objeto de estudio es inestable, derivado de los múltiples desafíos que afectan a la consecución de los objetivos de la UPM. Desde un punto de vista europeo y español en concreto, la capacidad de esta organización para canalizar proyectos y acercar a ambas orillas, supone una herramienta más para conseguir una mayor estabilidad regional.
No obstante, de cara al futuro, el aumento de las tensiones y amenazas provenientes de la región, obligarán a la UE a ejercer un liderazgo más decidido.  En este sentido, la Unión por el Mediterráneo, debería reformularse para abordar con decisión los problemas, de lo contrario  se enfrentaría a  una pérdida progresiva  ante la resolución eficiente de los retos futuros,  ya que no dispone de los mecanismos y voluntades políticas necesarias y suficientes para poder resolverlos.
Por Fígaro.

viernes, 2 de noviembre de 2018

RESULTA CURIOSO Con #45sindespidos

El Gobierno debe asumir sus compromisos y firmar un Real Decreto que paralice los despidos militares de más de 45 años
Resultan curiosos los vaivenes mentales que sufrimos las personas, vamos a achacarlo al cambio climático, que a fin de cuentas es lo que está de moda.
Recuerdo una bonita tarde Febrero, en la que los Diputados de Defensa de los distintos Grupos Parlamentarios se disponían a votar una Proposición no de Ley impulsada por Juan Antonio Delgado Ramos como representante de Unidos Podemos.
Miles de Soldados expectantes frente a sus ordenadores viendo la retransmisión en directo a través de la web del congreso, miles de Soldados buscando ese rayo de luz, miles de Soldados con esperanza.
Como era de esperar el Partido Popular, que gobernaba por aquel entonces, se oponía a todo y cumpliendo fielmente su guion. Por cierto, Sr.Tarno, un guion poco estudiado que afirmaba que los Soldados pertenecientes a la escala de Tropa y Marinería con carácter temporal tenían el futuro más que resuelto gracias a sus políticas en el ámbito de la Defensa.
La tarde transcurría. Nuestro defensor Javier Cano Leal de Ciudadanos sacaba pecho hablando una vez más de la poca lógica de tenernos durante más de dos décadas en filas, para más tarde abandonarnos desaprovechando toda la experiencia adquirida durante toda nuestra vida militar.
Sorpresa la nuestra al ver que hasta los partidos nacionalistas apoyaban la decisión de cesar urgentemente los despidos hasta que una Subcomisión de Defensa (que en un principio iba a durar 6 meses, ampliada ya a 18 y sin resultados, sacara alguna conclusión acerca de nuestra problemática. A lo que me permito añadir, soluciones que serían sacadas de su bolsillo, ya que en ningún momento se ha consultado con las Asociaciones Profesionales, o al menos con las minoritarias sin presencia en el Consejo de Personal de las Fuerzas Armadas.
Seguimos avanzando en la tarde y le llega el turno a la Diputada por el PSOE y Ex Comandante del Ejército de Tierra Zaida Cantera.
Reconoce que su Partido redactó la ley (no vamos mal), pero aquí viene lo más interesante, reconoce que la Ley 08/2006 de Tropa y Marinería durante más de una década no se ha cumplido en su totalidad, añadiendo a su discurso (ahora puedo decir oportunista y electoralista) su voto a favor del cese URGENTE de los despidos de la Tropa y Marinería y la readmisión de todos los Reservistas de Especial Disponibilidad que así lo desearan.
Todo hay que decirlo, nuestra ex compañera de sangre azul es de las del “sabíais lo que firmabais”, como bien dijo en el Congreso de los Militares, fiel a su partido, no podemos decir lo mismo de a sus ex subordinados.
Por cierto, haciendo uso del Artículo 73 de las Reales Ordenanzas que dice:
Convivencia en su unidad.
“Velará por la convivencia entre todos sus subordinados sin discriminación alguna por razón de nacimiento, origen racial o étnico, género, orientación sexual, religión o convicciones, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social, fomentando el compañerismo y la integración intercultural”. Artículo que pediría a todos nuestros superiores volvieran a leerse.
Este juego de meter el dedo en la llaga del que gobierna, vuelve ahora en forma de patata ardiendo a nuestra Ministra Dña. Margarita Robles, al llegar al Ministerio de Defensa tras una Moción de Censura al por aquel entonces Presidente del Gobierno D. Mariano Rajoy
Ahora, dos meses después de la toma de posesión de D. Pedro Sánchez Castejón, más de 30 Soldados han sido enviados a engrosar las listas del paro y más de 800 Reservistas de Especial Disponibilidad sufren el abandono de un Ministerio que impunemente no ha cumplido la ley durante más de una década. Y seguimos sin noticia alguna por parte del Ministerio, eso sí, viendo a nuestra Ministra en distintas intervenciones en Televisión que poco o nada tienen que ver con nuestro drama.
Tan solo con firmar un Real Decreto estarían solucionados estos despidos.
No me cuenten historias ni de Senados, ni de Congresos, ni de Política, ya que hasta donde sé, la firma de ese Real Decreto sería suficiente.
Pero vayamos más lejos, me decía la Diputada en una reunión en el Congreso de los Diputados, que sería complicada la activación de los Reservistas de Especial Disponibilidad. Pues siento decirles a los que muevan los hilos, en el PSOE o a la Cúpula Militar, que por ahí tampoco nos cogen.
Se ha declarado en varios medios de prensa por parte de la Guardia Civil, de la Policía Nacional y hasta por el Alcalde de Barbate, que no tienen medios suficientes para desempeñar muchas de las funciones que tienen encomendadas nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, ahí tienen un motivo para activarlos.
Voy a decirles una cosa a mis Superiores y Gobernantes, siempre desde el máximo respeto y subordinación, muchos de estos Reservistas de Especial Disponibilidad que según marca la ley se les tiene que hacer un seguimiento laboral y personalizado, se encuentran en riesgo de exclusión social y al borde de la depresión. Todo esto fomentado por el abandono al que les han sometido por el incumplimiento de un solo artículo de tan dichosa ley, el artículo discriminatorio que dice que el día de nuestro 45 cumpleaños tenemos que abandonar las Fuerzas Armadas, que dice que tenemos que abandonar nuestra amada forma de vida, y no un mero trabajo como así lo catalogan algunos.
Cansados durante años de escuchar que la ley está para cumplirla ahora les pregunto, ¿la ley está para todos, o los que las redactan no tienen que estar sometidos a su propio yugo?
Es curiosa la facilidad con la que las leyes se modifican a diario en cuestión de minutos, como podemos ver en la velocidad con la que se han cargado, literalmente, una convocatoria de Oficiales al ser denunciada por discriminación. Pero todo sea dicho, discriminación por género. La discriminación por edad, que al parecer no figura en la Agenda del Cambio de nuestro Gobierno, si viene contemplada en nuestra Constitución y en los Derechos Humanos.
Y si, lo digo alto y claro, discriminación por edad.
Los argumentos en lo que se basa el Ministerio de Defensa para despedir a sus Veteranos no son nada objetivos, ya que aluden una falta de capacidades psicofísicas, no demostradas en ningún estudio.
Bajo mi criterio, las capacidades psicofísicas de un individuo, en este caso un Soldado, deberían ser valoradas, en todo caso, valoradas por las puntuaciones obtenidas en sus pruebas físicas anuales y no impuestas con fecha de caducidad en su DNI.
Haciendo hincapié en la edad aludida por el Ministerio, ayer me puse a buscar en su Portal de Transparencia, y me asombré de algunas cifras de los contratos efectuados solo en el año 2018. Cifras que más adelante analizaremos y estudiaremos y de las que pondremos algún que otro ejemplo.
Sin contar los varias veces nombrados 40 millones de € ya firmados el año pasado, este año el Ministerio de Defensa amplía en hasta 11.827.693,00 € el dinero invertido entre Seguridad Privada y Conserjes para los distintos lugares que creen oportunos. Y aquí viene donde la matan, a los trabajadores de estas empresas no se le impone ningún límite de edad y por supuesto, ni que decir tiene, menos aún pasar anualmente unas pruebas donde se certifique que la persona que cumple esos cometidos esté en condiciones de hacerlo.
¿A dónde quiero llegar con esto?
A realizar una pregunta a todos los lectores de este artículo, sencilla, ya que soy de pocos estudios.
Ese puesto de trabajo para el que se contrata a un individuo con un sueldo ínfimo, pero que en realidad, al externalizar el servicio, triplica el costo para el Ministerio.
Ese puesto de trabajo cubierto por un empleado al que no se le impone un límite de edad ni unas pruebas anuales.
Ese puesto de trabajo que llevamos desempeñando algunos más de dos décadas.
¿No podemos seguir desempeñándolo los Soldados Españoles?
Pues no, lectores, el Ministerio de Defensa ha decidió que mientras unos si son válidos sin imposición de ningún tipo de discriminación tal y como se establece en la Constitución Española (al parecer sólo válida para algunos colectivos), encareciendo así el servicio hasta en un 400%, y curiosamente otros no somos válidos, los que juramos defenderla con nuestra propia vida, abandonando así al más absoluto fracaso laboral a sus Veteranos

Jenner López Escudero, Presidente de 45 Sin Despidos, un Cabo Temporal.
Relatado y publicitado por Fígaro.