martes, 2 de julio de 2019

Por una política ambiental liberal-conservadora (I)

politica mecioambiental

Apuntaba un interesante debate sobre la hegemonía del discurso de izquierdas en la vida cultural de nuestro país. Me parece un acierto que ahora aborde una serie de artículos sobre medio ambiente, terreno en el que la discusión pública adolece de idéntico escoramiento ideológico. Este sesgo tiene consecuencias negativas evidentes para el centro-derecha, que parece dar por perdida -aquí también- la batalla de las ideas, la imagen y la iniciativa política; pero tiene, además, un efecto pernicioso para el medio ambiente, ya que el cuasimonopolio que la izquierda ejerce sobre la defensa de la Naturaleza y su instrumentalización en favor de una agenda política anticapitalista provocan que amplios sectores sociales se muestren escépticos, cuando no reacios, a comprometerse con objetivos conservacionistas. Aunque algo más difuso, se trata de un rechazo similar al que genera el cine español en buena parte de la sociedad, debido al sectarismo anti-PP de algunos conspicuos cineastas que el público ha llegado a identificar con la totalidad del gremio: “un error total”, según el director Manuel Gutiérrez Aragón, que ha causado un enorme daño a nuestro sector audiovisual.


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Si bien es cierto que algunos destacados grupos ecologistas son -sin duda, en el legítimo ejercicio de su libertad de expresión-, radicalmente militantes contra el capitalismo (incluso contra la “economía verde), me apresuro a aclarar que, afortunadamente, no todas las asociaciones vinculadas a la defensa del medio ambiente comparten dicha militancia. Al contrario, son mayoría las que trabajan con rigor para promover mejoras reales de nuestra calidad ambiental, en lugar de dedicarse a lanzar soflamas contra el libre mercado, la iniciativa empresarial, la propiedad privada y, en definitiva, contra los fundamentos de la actividad económica y la prosperidad.
Sin embargo, es la retórica antiliberal la que lleva la voz cantante en los medios de comunicación y las redes sociales cuando de medio ambiente se trata, entre otras razones, porque sus abanderados apenas encuentran oposición. Y el mejor ejemplo es la buena acogida que los dislates y aberraciones del populismo podemita han tenido entre numerosas personas sensibilizadas con la protección de la Naturaleza, ante la clamorosa ausencia de un discurso alternativo potente.
Una vez más, no es que falten muestras de buena gestión por parte de los gobiernos del Partido Popular en esta área. Lo que se echa de menos es la articulación de un discurso ambiental coherente y reconocible por los ciudadanos, asumido por el conjunto de la organización y que esté presente en todos los medios donde se informa y se genera opinión al respecto. La tarea es compleja y requiere de la participación de muchas personas de perfiles diversos, tanto técnicos como políticos, pero señalaré algunas ideas que creo que se deberían tener en consideración.
Desde una perspectiva conservadora, la preservación de la Naturaleza debería constituir un objetivo esencial, dada la evidente afinidad entre los conceptos de conservadurismo y conservacionismo. En pocos asuntos como éste resplandece tanto la idea de Edmund Burke de la sociedad como “una asociación entre los vivos, los que han muerto y los que van a nacer”. La extraordinaria biodiversidad y la riqueza paisajística de España constituyen un activo de valor incalculable que hemos recibido de nuestros antepasados. Legarlo en las mejores condiciones posibles a las generaciones venideras es, también, una muestra de patriotismo.
Para una cierta interpretación del liberalismo, la política ambiental puede resultar poco grata, debido a que en algunas de sus vertientes requiere de regulaciones y restricciones a la actividad humana, medidas que a los liberales, por regla general, nos producen una incomodidad casi instintiva. Sin embargo, este tipo de intervención pública resulta necesaria e inevitable en numerosos órdenes, caso de la protección del patrimonio histórico-artístico, y por idénticas razones es perfectamente defendible para preservar nuestro patrimonio natural. Otra cosa es el peso y el enfoque que debe darse al papel del Estado, y que no tiene por qué ser, ni mucho menos, el defendido por la izquierda más dogmática. Por ejemplo, es muy difícil conseguir el nivel de cuidado y conservación de un terreno forestal que garantiza un propietario particular orgulloso de su finca, de manera que lo mejor que pueden hacer los poderes públicos es ayudarle a mantener su actividad, en lugar de ponerle todo tipo de cortapisas que muchas veces sólo se explican por una aversión ideológica a la propiedad privada.
Frente a un ecologismo de izquierdas que parte de la consideración del hombre como “gran depredador” y principal enemigo de la Tierra, la política ambiental liberal-conservadora debe representar una alternativa integradora, que entienda el desarrollo humano como parte esencial de la Naturaleza, a cuyo cuidado puede y debe contribuir el hombre, como parte de su propia y legítima búsqueda de un mayor bienestar para él y sus descendientes. No tiene sentido, por ejemplo, el empeño de los activistas más radicales de plantear la necesaria protección del lobo ibérico como una guerra abierta contra los ganaderos, sin preocuparse lo más mínimo por los graves perjuicios que les llega a causar esta especie. Preferir la confrontación a la conciliación es tanto como pretender la mejora de la biodiversidad a costa de arruinar una actividad como la ganadería extensiva que, bien gestionada, contribuye decisivamente al cuidado de los montes y a la prevención de incendios. ¿O acaso se aspira al despoblamiento total y definitivo del medio rural para “retornar” a una Arcadia libre de la molesta presencia de la especie humana?
En casos como éste, al centro-derecha le corresponde ofrecer pragmatismo y buen sentido para ponderar intereses legítimos, buscando soluciones eficaces en la defensa de la fauna silvestre desde la cooperación con la gente del campo, que en muchos casos actúan como custodios del territorio, demostrando con su quehacer diario el amor que sienten por la Naturaleza. Son numerosas, y en franca progresión, las iniciativas a favor del medio ambiente que parten de agricultores y ganaderos, del sector forestal, del ecoturismo… Desde viñedos capaces de capturar carbono y de producir sus propios fertilizantes hasta olivares acondicionados para favorecer la presencia del mochuelo, pasando por la contribución de los criadores de razas ganaderas autóctonas a la biodiversidad o la de los apicultores a la polinización de la flora, por mencionar tan solo algunos casos ilustrativos.
Cada vez son más los emprendedores del medio rural comprometidos con el cuidado del que, en definitiva, es su medio de vida, y a los que una formación liberal-conservadora debería mimar, más allá de su peso en el PIB o en el cuerpo electoral, por su contribución al equilibrio territorial y por el modelo de desarrollo económico sostenible que representan. Y, junto a ellos, los técnicos y gestores -tanto públicos como privados-, la prensa especializada o las numerosas ONG conservacionistas sin adscripción política, que realizan una loable labor en aras del bien común y con quienes se ha de mantener una comunicación fluida y, por tanto, de ida y vuelta.
Por Fígaro. 

Derecha y Medio Ambiente: El caso alemán

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Existe en Europa un caso paradigmático de éxito que aúna ecologismo y moderantismo. Ese es el caso de Winfried Kretschmann, miembro del partido ecologista alemán Los Verdes y actual presidente del gobierno federal del estado alemán de Baden-Wurtemberg (en adelante, B-W, que el nombre se las trae) tras los comicios federales de 2011, en los que obtuvo una cuarta parte de los sufragios y formó coalición de gobierno con el SPD.

Caso alemán. Parque natural Alto Danubio (Foto: Simone Muffler /Creative Commons)

La irrupción de Kretschmann, político veterano (milita en Los Verdes desde 1979 como uno de los fundadores del partido en su región), como presidente de B-W supuso en su momento toda una revolución. La región llevaba casi sesenta años gobernada por la CDU democristiana. Se debe recordar que B-W cuenta con casi once millones de habitantes (Andalucía y Murcia juntas), y constituye junto a su vecino Estado de Baviera el Estado federado alemán con mayor índice de desarrollo económico (su PIB equivale a un tercio del total español y su renta per cápita supera los 33.000 euros). ¿Cómo es posible que en una región donde el paro es particularmente bajo, la renta per cápita muy alta y la calidad de vida muy elevada, el gobierno de la región recaiga en una coalición verdirroja?
La realidad demuestra que, a partir de un determinado nivel de bienestar, la consolidación de una conciencia ecológica activa entre los ciudadanos es incuestionable. El perfil ideológico del propio Kretschmann explica perfectamente cómo alcanzó el 24,2% de los votos en un estado antropológicamente conservador. Krestchmann es un ecologista moderado, centrista y business-friendly (perdón por el anglicismo), católico militante y, al parecer, solícito padre de familia. Con estos mimbres, Los Verdes han conseguido arañar en B-W miles de votantes adscritos en principio a otras sensibilidades, en especial liberales y democristianos.
Kretschmann no es ningún utópico ecologista que desee tirar por tierra todo lo desarrollado en estos últimos dos siglos y retrotraernos a economías pre-industriales. En B-W se encuentran las oficinas centrales de multinacionales como Porsche, Daimler, Robert Bosch, Carl Zeiss o SAP  entre otras. El nivel de excelencia técnica y profesional que atesora dicha región es uno de los más altos del mundo. B-W tiene la tercera densidad más alta de Alemania en cuanto a instituciones de educación superior, tres de sus universidades forman parte de las Once Universidades Excelentes alemanas (Heidelberg, Tubinga y Constanza), y la Oficina de Estadísticas de la Unión Europea ha reconocido a B-W por sexto año consecutivo como la región más innovadora del continente. Puede deducirse sin mayor esfuerzo que el votante medio de dicho Estado federal alemán es uno de los más formados de Europa, y por supuesto que no ha decidido tirarse de cabeza a una piscina medio vacía.
El éxito electoral de Kretschmann expresa de manera iluminadora cómo empieza a ser un argumento político de peso en sociedades avanzadas la importancia de la sostenibilidad en toda actividad humana. El ecologismo conservador que representa el presidente federal de B-W desarrolla una visión positiva y novedosa sobre puntos nucleares de la visión liberal-conservadora, como son la propiedad privada, la defensa de la familia, el libre emprendimiento… Es decir, traduce viejas instituciones liberal-conservadoras a un lenguaje político plenamente contemporáneo. De hecho, en Alemania no es descabellado pensar a corto plazo en una futura coalición democristiana-ecologista. Merkel y Kretschmann manifiestan numerosos puntos comunes en aspectos de gran calado (la canciller alemana, por ejemplo, ha aprobado la desnuclearización total de Alemania para el año 2022. Otra cosa es que lo pueda llevar a cabo), y la popularidad de la presidenta parece que le permitirá prescindir de los socialdemócratas para formar mayoría parlamentaria con otra formación distinta.
Tras cuatro años de gobierno, B-W sigue instalada en el pleno empleo, ni una sola de sus grandes empresas se ha marchado a otra región o ha expresado preocupación o malestar con su gobierno regional, los índices de igualdad y prosperidad del land siguen siendo muy notables… Simplemente, hay una mayor preocupación por hacer sostenible el desarrollo económico, paralizándose proyectos que se creían agresivos con el equilibrio de la región. Ecologistas como los miembros del gobierno del Estado han comprendido que la creación de riqueza no es parte del problema medioambiental sino de la solución. Gracias a esa prosperidad y sensibilidad hacia la innovación y la sostenibilidad, B-W destina casi el 4% de su PIB a actividades de I+D+i (triplicando la media española de estos últimos años).
Caso alemán. Paisaje cerca de Ibach
La sensibilidad política eco-conservadora es otro de esos aspectos ideológicos en los que el centro-derecha español tiene que emprender su particular puesta al día. Primero por convicción -no hay nada más conservador que legar un mundo habitable a los que nos sucedan- y segundo por realismo. El ecologismo va adquiriendo cada día un mayor peso específico, e incluso entre el resto de capas de la sociedad la preocupación medioambiental continúa aumentando. En el caso específico del votante joven español, éste se decanta ideológicamente por tres categorías: la progresista, la liberal y la ecologista. Por consiguiente, el centro-derecha español no puede darse el lujo de no atender al potencial votante de corte ecologista.
El ecologismo pragmático es una manifestación política absolutamente armonizable con el desarrollo de un programa político liberal-conservador. Son los regímenes comunistas los que históricamente han mostrado un mayor desinterés por el cuidado del medio natural (ejemplos como los de Chernobyl o el reciente desastre químico del puerto chino de Tianjin dan buena muestra de ello). Superando la política actual basada en el corto plazo y en la defensa de intereses principalmente económicos, el ecologismo plantea nuevos retos y paradigmas para el pensamiento liberal-conservador.
El ecologismo, de hecho, reivindica principios fundamentalmente conservadores como el respeto al entorno, costumbres y tradiciones, el compromiso y la solidaridad comunitaria, la economía colaborativa y la realización personal sin relación directa con la acumulación de riquezas. Sólo desde planteamientos pragmáticos, conservadores y de corresponsabilidad intergeneracional pueden superarse las limitaciones del ecologismo español secuestrado por la izquierda, de tendencia anticapitalista e intervencionista.
Es de vital importancia que el centro-derecha español ofrezca batalla en el debate ecologista. El caso alemán de Baden-Wurtenberg ilustra muy bien las posibilidades de aunar desarrollo económico, innovación y conciencia ambiental. Asumamos como valor propio este ecologismo realista y pragmático que demanda una parte cada vez más significativa de la sociedad.
Por Fígaro. 

‘Green Philosophy’ de Roger Scruton

Green Philosophy

Green Philosophy de Roger Scrouton
Roger Scruton es, sin lugar a dudas, uno de los filósofos más relevantes del último medio siglo. Su amplia obra escrita, que va desde la filosofía política y moral a la estética, pasando por temas tan dispares como la religión y lo sagrado, la caza o la bebida, constituye un corpus teórico al que debe asomarse todo aquel interesado en el pensamiento conservador. Scruton sintetiza y renueva lo mejor de una fructífera tradición intelectual que resulta siempre sugerente e inspiradora.
En “Green Philosophy. How to think seriously about the planet” (2012) Scruton indaga sobre las ideas que deben fundar una política ambiental alternativa al cuasi-monopolio que la izquierda ejerce en este campo desde hace décadas. La solución a los problemas ambientales no puede venir de una agenda basada en el internacionalismo, la obsesión regulatoria y la retórica de la emergencia, sino de las ideas propias del pensamiento liberal-conservador, que sustenten una política responsable no solo con los que ahora viven sino con las generaciones venideras, centrada en el nivel local y que dé más protagonismo a la sociedad civil y no al  Estado.
Para Scruton, el mercado no es el problema sino parte de la solución, puesto que éste constituye la red social que hace de la responsabilidad el principio básico de relación entre individuos. Los derechos de propiedad, además, garantizan una implicación del titular de los mismos que se diluye cuando hablamos de dominio público. Así, la destrucción ambiental producida en las economías socialistas constituye un testimonio permanente del desastre al que conduce el control estatal de los recursos y medios de producción. Lo que no podemos ignorar, en todo caso, son los fallos del mercado que conocemos como externalidades. Los vertidos, sean a la atmósfera en forma de emisiones y gases de efecto invernadero o a la tierra y el mar en forma de productos contaminantes y materiales no biodegradables, suponen la mayor amenaza a la que se enfrenta el medio ambiente. Las externalidades trasladan un coste -la contaminación- de quien lo causa a la sociedad. Lo importante entonces es contar con un Estado de Derecho sólido, que no pueda ser sorteado ni por las empresas ni por las propias burocracias estatales, y que garantice el cumplimiento del principio “quien contamina, paga” retornando ése coste a quien realmente ha producido el daño.

Roger Scruton (Foto: Policy Exchange / Flickr)

Sin embargo, la cuestión del medio ambiente no puede reducirse únicamente a términos económicos. Los problemas ambientales tienen una dimensión moral. Es ahí donde entran de lleno valores propios del conservadurismo. Como bien explica el autor, el hombre no se mueve solo por interés personal e inmediato. Tiene vínculos, lealtades y afectos que van más allá del cálculo coste-beneficio. Todo ese conjunto de arraigos que se proyecta sobre lo que nos es más propio y cercano es a lo que Scruton denomina oikophilia, que es el concepto teórico central del libro. Oikophilia, como su propia etimología indica, es el amor por el hogar. Pero hogar entendido en un sentido amplio, como espacio que compartimos con nuestros seres queridos, con nuestros vecinos; hogar como red de afectos y de lealtades. El sentimiento de oikophilía sustenta un “nosotros” que parte de la casa y alcanza pleno sentido en el sentimiento de nacionalidad, en el patriotismo. Ése vínculo con nuestro entorno, con los que nos rodean y con nuestros sucesores (responsabilidad intergeneracional) es lo que nos hace capaces del sacrificio y del esfuerzo más allá de nosotros mismos.
La oikophilia es el motivo primordial de nuestra preocupación por el entorno y por tanto debe ser la idea central sobre la que se asiente una política ambiental orientada no a soluciones inalcanzables por onmicomprensivas y radicales, sino a éxitos graduales y progresivos. Para ello, en primer lugar, debemos trasladar el foco de lo global a lo local: son las iniciativas de la sociedad civil, los little platoons de Burke, las que deben recobrar el protagonismo. Es en el nivel local en el que la gente se siente responsable de lo propio, y respecto a los problemas ambientales, allí donde pueden tenerse en cuenta los distintos intereses en conflicto para alcanzar las soluciones más ventajosas. Scruton desconfía de los organismos internacionales (ya sea la Unión Europea, ya las ONG’s internacionalistas) caracterizados como burocracias exentas de rendir cuentas de sus acciones y cuyas agendas persiguen el objetivo utópico de reducir a cero los problemas ambientales a través de regulaciones arriba-abajo y del lobby. El problema aquí es que muchas veces las soluciones propuestas por las burocracias transnacionales anulan un problema pero crean otro distinto que no estaba previsto, como cuando la sobreprotección legal de una especie termina causando estragos en otras. Los tratados internacionales, por otro lado, resultan papel mojado desde el momento en que solo son capaces de vincular a los países democráticos en los que la presión de la opinión pública obliga a su cumplimiento. Por más que países como China o Rusia firmen un tratado internacional comprometiéndose a reducir sus emisiones, si de sus gobiernos plutocráticos dependen las propias empresas contaminantes pues no tendrán ningún incentivo, más bien al contrario, para cumplir con unas obligaciones que nadie les va a exigir internamente. Scruton apela aquí a la ejemplaridad que deben demostrar las democracias occidentales, no solo en el cumplimiento de los compromisos internacionales, sino destinando más recursos a la investigación.

Green Philosophy, La calzada de los Gigantes

La conservación de la naturaleza no está por tanto en la arena internacional sino que debe comenzar en lo local. El autor se sirve del caso inglés para demostrar que las iniciativas más exitosas de protección ambiental han partido siempre de la sociedad civil, de gente preocupada por preservar algo que consideraba “propio”: el entorno que nos rodea y que sentimos como nuestro y cuya pérdida sería irremplazable (ejemplo paradigmático es el del National Trust). Ahí está la base de una política liberal-conservadora, que reserva la actuación del Estado (del nivel nacional) para aquellos problemas que por su propia naturaleza trasciendan el ámbito local. Los problemas globales también tenemos que empezar a resolverlos “nosotros”. La tarea de la política ambiental consistirá así en establecer una correcta “división del trabajo” que identifique qué problemas deben ser resueltos por la sociedad civil y cuáles por el Estado. El objetivo último, concluye Scruton, estará en garantizar las condiciones en las que el medio ambiente puede ser administrado responsablemente por la propia sociedad civil inspirada por el sentimiento de oikophilia.

Por Fígaro. 

El mito de la voluntad general como fundamento de la educación antiliberal

Foto: Pixabay

Escribo esta reflexión sobre la educación a raíz de un vídeo viralizado estos días en el que Luis Alegre, filósofo de Podemos, expone ante un periodista de La Sexta sus argumentos para negar la libertad educativa y apostar por la educación pública. O mejor dicho, estatalizada, pues lo que realmente defiende es la negación de la patria potestas en favor de la dominación omnímoda del Estado. Su argumento no es nuevo: el Estado tiene el deber moral de monopolizar la educación para proteger a los individuos, peligrosamente sometidos a la influencia de actores no políticos como son los padres. Es además una aseveración que no solamente es propia del populismo –en este caso de izquierdas, aunque el de derechas pueda cometer la misma equivocación–, sino también de autores liberales de la talla de Steven Pinker. Este destacado, y por lo demás interesantísimo intelectual, ha defendido en sus libros el postulado con la misma alegría con la que lo hace el filósofo de Podemos.
Sin embargo, esta concepción descansa sobre el mito roussoniano de la volonté générale, al que erróneamente se atribuye siempre la fundamentación de la democracia liberal, cuando en realidad conduce a todos los totalitarismos que han creído posible la superación del dualismo en el que se fundamenta la libertad política: el que existe entre el Estado y la sociedad civil. La estatalización de la educación tal y como la ha defendido Alegre desconoce dos cosas: que la familia es el ámbito del amor, y que la sociedad civil de la que forma parte es el más resistente escudo frente a la tiranía.
Lo primero parece obvio para los que reconocemos la existencia de la naturaleza humana, pero no lo es para los ingenieros sociales: la familia conoce mucho mejor lo que es bueno para los hijos por la sencilla razón de que los padres aman –salvo excepciones que confirman la regla– a quienes han engendrado –o adoptado, que para el caso es lo mismo. Solamente se puede amar lo que se conoce, y a la vez, únicamente conocer lo que se ama. Esta frase originada en Grecia, y revitalizada por el cristianismo, ha sido además ratificada por la psicología y las ciencias modernas: baste leer a Jonathan Haidt para comprobar que el instinto de maternidad y paternidad fundamentan la comunión moral de la familia. Frente a ello, el Estado no puede ser un padre para sus ciudadanos porque no es una persona, y es empíricamente imposible que conozca a quienes componen la nación. El Estado-papá que postulan los populistas no existe: sí existen los políticos concretos que pretenden hacer una sustracción de menores generalizada. Como los secuestros de niños protagonizados por individuos, lo argumentan desde el interés de los infantes; pero en este caso es todavía más absurdo: El Presidente del Gobierno de turno, el Ministro de Educación, o cualquier otro sujeto podrán establecer algunos principios generales, pero nunca conocer las realidades concretas de nadie. Las familias sí, y porque aman y conocen, pueden tener la primera y última palabra frente a quienes, desde el mundo de lo abstracto, solamente pueden imponer ideas. Y esto no solamente para garantizar la educación religiosa o en valores de cada familia, que también, sino en otros aspectos como el relativo a centros de educación especial que, en nombre de la pretendida igualdad, también quieren los populistas de izquierda eliminar. Un hijo deficiente es más conocido –y amado– por sus padres de lo que jamás podrá serlo por el Estado, y ellos sabrán si es mejor para él llevarle a un centro especializado o no.
Esta cuestión enlaza con la segunda, pues Alegre invierte los términos en los que se sustenta el Estado liberal: es la sociedad civil la que protege al individuo del poder político, y no al revés. Solamente quienes creen que el Estado-papá encarna una voluntad general y que por ello es intrínsecamente bueno, pueden negarlo. Pero volvemos a lo de antes: el Estado que educa está formado por personas concretas, cuyos planteamientos educativos y morales pueden ser erróneos. Por ello su poder ha de ser mínimo, y tener en frente a familias y otras entidades de la sociedad civil que eviten la consolidación de la tiranía y de la incultura. Incluso un populista de izquierdas tendría que asumir –como en cierto momento hizo Marx– que el Estado no puede tener la patria potestad, pues en el caso de que fuerzas de derechas lo controlaran tampoco sus convicciones podrían ser defendidas desde la familia. Aquí encontramos el mismo problema: los defensores de la educación estatalizada creen imposible que una sociedad sana y progresista pueda asumir la pluralidad de intereses y convicciones, porque eso contradice el mito de la voluntad roussoniana. Por tanto, y esta es mi conclusión, se ha de reconocer que el equívoco del populismo de izquierda no radica –por lo menos en exclusiva– en la voluntad de poder, sino en algo más profundo: la adhesión incondicional a un mito que socaba tanto la realidad de la naturaleza humana como los principios del Estado que permiten su desarrollo.
Por Fígaro. 

LA EVOLUCIÓN GEOPOLÍTICA DE LA ISLA DE LA “ESPAÑOLA”


  1. INTRODUCCIÓN
En relación a la evolución geopolítica de la isla de la “Española”, se remite la siguiente valoración.
  1. ANÁLISIS
La isla de la “Española”, ocupa una posición central en la región caribeña. Alberga dos países: la República Dominicana y Haití. La herencia hispana es notoria en Santo Domingo que fue la primera capital española en América, mientras que Haití, nació de la revolución de los esclavos africanos contra los colonizadores franceses, convirtiéndose en la primera nación negra en obtener su independencia.
A las importantes diferencias culturales, religiosas y lingüísticas entre ambas naciones, se suma la rivalidad política. En el siglo XIX, tras la independencia de ambos países, Haití invadió y dominó la totalidad de la isla entre 1822-1844. Este período histórico, tristemente recordado en la República Dominicana, fue fundamental para definir el concepto de la idea nacional dominicana y del rechazo a Haití. Posteriormente, tanto Haití como República Dominicana han sufrido varias intervenciones militares estadounidenses.
Hoy en día, la República Dominicana, aunque no es un país plenamente desarrollado, tiene una economía que presenta un fuerte índice de crecimiento económico, sustentada por las inversiones extranjeras en diferentes sectores y por el turismo. Haití al contrario, es una de las naciones más pobres del mundo, con una economía de subsistencia muy dependiente de la ayuda internacional. La conversión de Haití en un estado fallido, supone una grave amenaza a la seguridad nacional de la región, en especial por el incremento de los tráficos ilícitos, la criminalidad organizada o la inmigración masiva.
En este sentido, se ha ido incrementando significativamente la presencia de inmigrantes haitianos en el país vecino. Las tensiones sociales entre dominicanos y haitianos han ido aumentando en los últimos años, causado también al  probable temor dominicano a las reclamaciones territoriales que puede albergar Haití en un corto plazo. Este hecho, se ha reflejado en el crecimiento de una ideología nacionalista y anti-haitiana que podría desembocar en episodios de violencia, como ya ha ocurrido en el pasado.
Es relevante tener en cuenta en la región la variable relacionada con las catástrofes naturales, concretamente los huracanes y los terremotos. El grado de destrucción en Haití de estos fenómenos naturales se ve amplificado por la falta de medios, lo que podría precipitar una crisis de refugiados a gran escala que afectaría al conjunto del Caribe y a Estados Unidos.
  1. CONCLUSIÓN
El sistema objeto de estudio es estable, ya que está claramente determinado por la pobreza y la criminalidad procedente de Haití que tiene una influencia negativa sobre la República Dominicana. Por otro lado, la posibilidad de reclamaciones territoriales de Haití no es una variable a tener en cuenta. La violencia a nivel estatal o a nivel intercomunitaria es la única variable de riesgo, que no obstante con el tiempo tiende a desaparecer.
Por Fígaro. 

EL FUTURO POLÍTICO Y ECONÓMICO DE HONG KONG


  1. INTRODUCCIÓN
En relación al futuro político y económico de Hong Kong, se remite la siguiente valoración.
  1. ANÁLISIS
Incorporada por la dinastía Qing a China en el 214 A.C., el papel de Hong Kong como uno de los puertos comerciales principales de acceso a China se estableció tras la Guerra del Opio y el Tratado de Nanking de 1842 entre el Imperio Británico y el Imperio Chino, que cedía a los británicos la isla de Hong Kong. Con el aumento de las inversiones extranjeras y la inestabilidad en China, se produjo un importante desarrollo económico y un considerable aumento de la población. Esta pujanza económica ha convertido un pequeño enclave británico, hasta su devolución a China en 1997, en uno de los centros financieros más importantes del mundo, con una gran actividad comercial y portuaria.
Uno de los objetivos del Gobierno chino es ir integrando paulatinamente Hong Kong en todas las esferas el resto del país. La realidad es que otras ciudades de China, como por ejemplo Shanghai, han ido ganando un peso económico cada vez mayor en el marco de un país que aspira a ser la mayor economía del mundo. En este sentido, cuanto mayor es el crecimiento de China, más unida estará Hong Kong al resto del país. Cabe destacar el proyecto gubernamental de ir fusionando progresivamente once localidades incluidas Hong Kong, Macao, Shenzhen, Cantón y otras urbes del Delta del río Perlas, que crearían una zona económica con una población de 70 millones de personas y un valor económico superior al producido en Tokio o Nueva York. Hong Kong como centro financiero se vería muy beneficiado por este proyecto que la uniría más a importantes centros productivos y tecnológicos.
Precisamente el regreso de Hong Kong a la soberanía China se ha dado con condicionantes políticos que han permitido a la ciudad mantener un estatus especial, denominado “un país dos sistemas”. Esta singularidad es apreciada por una parte de la población local que recela de una mayor integración a China. Esta situación choca con la cada vez mayor presencia del Estado chino en la ciudad. Y es que cabe recordar el antiguo papel de Hong Kong como centro de intercambio de la plata de China por el opio de los británicos. Hoy en día, la fuga de capitales vía Hong Kong supone un serio desafío para Pekín.
  1. CONCLUSIÓN
El sistema objeto de estudio es relativamente estable y está determinado por la paulatina integración de Hong Kong en el resto de China. No obstante, la variable de las protestas ciudadanas junto con la presión internacional podrían ejercer una influencia negativa en el proceso de integración y convertirían a Hong Kong en un sistema objeto de estudio conflictivo.
Por Fígaro. 

LOS DESAFÍOS ESTRATÉGICOS DE NIGERIA


  1. INTRODUCCIÓN
En relación a los desafíos estratégicos a los que se enfrenta Nigeria, se remite la siguiente valoración.
  1. ANÁLISIS
Nigeria es una nación situada en África Occidental con una superficie similar a la de Venezuela. El Delta del río Níger, el más grande del mundo, cubre cerca de un 8% del territorio del país. Esta región, densamente poblada, es especialmente importante para el país por su acceso a la costa del Golfo de Guinea y principalmente, por los grandes recursos petroleros que atesora y que han convertido desde hace varios años al país africano en un importante productor.
Independiente del Reino Unido desde 1960, Nigeria es hoy en día el país más poblado de África con cerca de 200 millones de habitantes repartidos entre 250 etnias diferentes. Destaca la división religiosa entre el norte musulmán y el sur cristiano. Precisamente, la explosión demográfica que sufre el país junto con las divisiones étnicas y religiosas son unos de los desafíos más importantes de Nigeria.
La economía de Nigeria es la más grande de África con un sector industrial en expansión, en la que la exportación de hidrocarburos es su columna vertebral, aportando 2/3 de los ingresos del Estado. No obstante, la desigualdad social, la pobreza, los problemas medioambientales derivados de esta industria y la corrupción, siguen lastrando el crecimiento económico. En este sentido, el crecimiento de la población, que se proyecta que alcance los 390 millones en 2050 de habitantes, y el estancamiento de la producción agrícola, han aumentado el déficit alimentario del país que es dependiente de las importaciones.
La inestabilidad política y los frecuentes gobiernos militares han marcado la vida política del país, que en 1999 volvió a la senda democrática. La presencia del radicalismo religioso, con actores como “Boko Haram” suponen una grave amenaza a la seguridad del país, especialmente en el norte musulmán, y que ha marcado las fuertes diferencias regionales existentes. Otro factor de seguridad que supone una amenaza a la estabilidad es la presencia de la piratería en el Golfo de Guinea, que afecta a la navegación y a la creciente producción de crudo “off-shore”.
Finalmente, el descontento de la población local del Delta del Níger, que exigen recibir una cuota mayor de los ingresos petroleros, se ha materializado en numerosos casos de sabotajes a instalaciones, secuestros y graves accidentes derivados de la sustracción irregular de crudo.
  1. CONCLUSIÓN
El sistema objeto de estudio es inestable. Las principales variables determinantes son la corrupción extendida y la explosión demográfica. Por otro lado, las principales variables de riesgo son; la pobreza que afecta a gran parte de la población y el control por los recursos de hidrocarburos. El sistema evoluciona hacia una mayor inestabilidad, agregando la demografía y el radicalismo islámico como variables de riesgo a considerar.
Por Fígaro.