martes, 2 de julio de 2019

LOS DESAFÍOS ESTRATÉGICOS DE NIGERIA


  1. INTRODUCCIÓN
En relación a los desafíos estratégicos a los que se enfrenta Nigeria, se remite la siguiente valoración.
  1. ANÁLISIS
Nigeria es una nación situada en África Occidental con una superficie similar a la de Venezuela. El Delta del río Níger, el más grande del mundo, cubre cerca de un 8% del territorio del país. Esta región, densamente poblada, es especialmente importante para el país por su acceso a la costa del Golfo de Guinea y principalmente, por los grandes recursos petroleros que atesora y que han convertido desde hace varios años al país africano en un importante productor.
Independiente del Reino Unido desde 1960, Nigeria es hoy en día el país más poblado de África con cerca de 200 millones de habitantes repartidos entre 250 etnias diferentes. Destaca la división religiosa entre el norte musulmán y el sur cristiano. Precisamente, la explosión demográfica que sufre el país junto con las divisiones étnicas y religiosas son unos de los desafíos más importantes de Nigeria.
La economía de Nigeria es la más grande de África con un sector industrial en expansión, en la que la exportación de hidrocarburos es su columna vertebral, aportando 2/3 de los ingresos del Estado. No obstante, la desigualdad social, la pobreza, los problemas medioambientales derivados de esta industria y la corrupción, siguen lastrando el crecimiento económico. En este sentido, el crecimiento de la población, que se proyecta que alcance los 390 millones en 2050 de habitantes, y el estancamiento de la producción agrícola, han aumentado el déficit alimentario del país que es dependiente de las importaciones.
La inestabilidad política y los frecuentes gobiernos militares han marcado la vida política del país, que en 1999 volvió a la senda democrática. La presencia del radicalismo religioso, con actores como “Boko Haram” suponen una grave amenaza a la seguridad del país, especialmente en el norte musulmán, y que ha marcado las fuertes diferencias regionales existentes. Otro factor de seguridad que supone una amenaza a la estabilidad es la presencia de la piratería en el Golfo de Guinea, que afecta a la navegación y a la creciente producción de crudo “off-shore”.
Finalmente, el descontento de la población local del Delta del Níger, que exigen recibir una cuota mayor de los ingresos petroleros, se ha materializado en numerosos casos de sabotajes a instalaciones, secuestros y graves accidentes derivados de la sustracción irregular de crudo.
  1. CONCLUSIÓN
El sistema objeto de estudio es inestable. Las principales variables determinantes son la corrupción extendida y la explosión demográfica. Por otro lado, las principales variables de riesgo son; la pobreza que afecta a gran parte de la población y el control por los recursos de hidrocarburos. El sistema evoluciona hacia una mayor inestabilidad, agregando la demografía y el radicalismo islámico como variables de riesgo a considerar.
Por Fígaro. 

sábado, 22 de junio de 2019

El PSOE y la memoria histórica en Navarra

Pernando Barrena con la imagen de Otegi al fondo (Wikimedia Commons)

El 4 de febrero de 2008, la Policía Nacional detenía en su piso de Berriozar (Navarra) al líder de Herri Batasuna, Pernando Barrena, por integrar una banda terrorista. Durante el registro de su domicilio, los agentes descubrieron que el salón de casa de Barrena estaba decorado con un anagrama de ETA de grandes dimensiones tejido en hilo.
Ocho años antes, en el año 2000, unos pistoleros de ETA habían asesinado a escasos metros de la casa de Barrena al vecino de Berriozar, Francisco Casanova, padre de dos niños pequeños y militar de profesión. Ni Barrena, ni ninguno de sus compañeros de Batasuna han mostrado jamás la mínima solidaridad con la familia de Casanova. Por el contrario, no ha habido año en el que sus asesinos no hayan sido homenajeados en público. La última, el pasado 10 de abril de 2019, cuando el actual alcalde de Berriozar (de Bildu) participó en una carrera solidaria a favor del euskera que incluyó un homenaje a los terroristas que mataron a Casanova.
Diez años después de la detención del líder de Batasuna en Berriozar, el panorama en Navarra no puede ser más desolador. Barrena es eurodiputado de España en el Parlamento Europeo. Bildu (Batasuna) no sólo gobierna Berriozar (con casi mayoría absoluta), sino que lo hace en otras 73 localidades de Navarra (de un total de 272). De hecho, en un total de 16 municipios del norte de Navarra sólo Bildu se presentó a las elecciones, tras haber logrado anular social y políticamente a través del miedo a sus adversarios políticos. La defensora de asesinos de ETA, Amaia Izko, para la que la fiscalía pide 11 años de prisión por colaboración con banda armada, ha sido elegida concejal del ayuntamiento de Pamplona por Bildu. Su compañero de corporación, Joxe Abaurrea, fue el concejal de Herri Batasuna, que en el año 1998 justificó el asesinato del concejal de UPN en Pamplona Tomás Caballero.
El 23 de mayo de 2019, tres días antes de ser elegido parlamentario europeo, Pernando Barrena dijo en una entrevista en el diario El Correo que los terroristas de ETA habían simplemente “vulnerado algún aspecto del Código Penal de turno” y añadió que “hay gente que piensa que debe normalizarse la situación”.
A estas alturas nadie se sorprende de la podredumbre moral y política que simboliza Bildu, no sólo en España, sino en el conjunto de Europa. Sus líderes, sus políticas, sus declaraciones… no son homologables en ninguna democracia liberal mínimamente consolidada que se precie. Eso no es una novedad.
Lo dramático para España es que siete años después de que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y los jueces lograran derrotar a ETA (nadie más lo hizo), el Estado y la sociedad civil hayan fracasado en deslegitimar y anular políticamente personajes abyectos para la historia como Otegui, Barrena, Izko o Abaurrea. Al contrario, siete años después de la presunta derrota de ETA, Otegui es considerado como “artesano de la paz” y Barrena es un distinguido europarlamentario. Nunca una victoria resultó tan amarga para la democracia y el Estado de Derecho.
Pero más dramático aún es el hecho de que el partido que ostenta la responsabilidad de formar el Gobierno de España haya logrado blanquear y legitimar políticamente el proyecto de Batasuna, Bildu, Barrena y Otegui. Los socialistas navarros, con el beneplácito de Ferraz y de la propia Moncloa, consideran legítimo gobernar Navarra con aquellos que decoraban sus casas con anagramas de ETA, aplaudían el asesinato de sus vecinos, señalaban a sus compañeros de corporación antes de ser asesinados y siguen homenajeando a los terroristas desde las instituciones públicas que gobiernan.
En tiempos de recuperación de memoria histórica en España, resulta sorprendente que el Partido Socialista Obrero Español haya olvidado con semejante rapidez quién sembró de auténtico terror las calles del País Vasco y Navarra hace apenas dos lustros.
Por Fígaro. 

¿Quién habla en nombre de la ONU?

Palacio de las Naciones, Ginebra (Wikimedia Commons)

Unos «expertos» relacionados con el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas han emitido un «informe» en el que se pone en duda la calidad democrática de las instituciones españolas por su tratamiento judicial de los golpistas del separatismo catalán. Una primera y leve investigación sobre la personalidad de tales «expertos» ha venido a demostrar que varios de ellos son al menos reos de los que en la practica legal se conoce como «conflictos de intereses» al estar en diversas formas, no exentas de las económicas, relacionadas con los responsables de la Generalidad de Cataluña que hasta el momento preside el conocido racista Joaquín Torra. Lo cual bastaría para desacreditar por completo las conclusiones del susodicho informe.
Por si ello fuera poco, conviene situar en su exacta perspectiva todo aquello que a efectos mediáticos se presenta como una «decisión de la ONU», cuando en puridad de doctrina y práctica proviene, como en este caso, de un grupo sin capacidad alguna de tipo normativo proveniente de un Consejo, como el de Derechos Humanos, formado por 47 miembros elegidos entre los Estados de las Naciones Unidas y cuyo mismo prestigio está continuamente puesto en duda por la calidad de algunos de sus integrantes. Entre ellos, en efecto, se encuentran o se han encontrado violadores sistemáticos de los derechos humanos como Irán, Venezuela, Cuba, Arabia Saudita, Bolivia, Rusia o China. No son pocas ni anónimas las voces que se han elevado en contra de la manifiesta manipulación resultante, que se traduce en opiniones tan torcidas como interesadas y no precisamente en la verdadera promoción de los derechos humanos y su defensa.
Y en cualquier caso conviene recordar, para memoria de olvidadizos y reconvención de aprovechateguis, que la ONU tiene dos canales autorizados para la manifestación legítima de sus pareces, y ellos son el Consejo de Seguridad y la Asamblea General. Todo lo demás puede tener interés, ser motivo de estudio o impulso para la discusión. También, como es el caso, objeto de abierto y contundente rechazo. Y mientras tanto, bien haría España en trabajar en el seno de la ONU para que los agentes a sueldo del racista Torra no se infiltren en ningún organismo internacional, al tiempo que reafirma su respeto y adhesión a las instituciones jurídicas propias, modelo que, como en pocos países en el mundo, es capaz de mantener y promover las normas y las calidades del Estado de Derecho. Y ahí es donde la sedicente ONU del separatismo catalán, mal que le pese al racista Torra, sus compinches, cómplices y compañeros de viaje, no tiene nada que decir.
Por Fígaro. 

Apostando por la movilidad social

Sede del Ministerio de Empleo (Foto: Ignacio Renuncio /Public Domain)

Para aquellos que no siendo españoles seguimos con interés pero cierta distancia la política española, la reciente campaña electoral del 28-A ha ofrecido varias sorpresas, en particular, el surgimiento de Vox o las significativas caídas en el número de escaños obtenidos por el PP y Podemos. Lo que ciertamente no ha sido una sorpresa ha sido la polarización de los debates y la atención prestada a una supuesta lucha de clases, a la desigualdad y a una visión de país que pretende que el progreso es un juego de suma cero. Estos temas están siendo recurrentes también en la campaña de las inminentes elecciones autonómicas y municipales. Antes y ahora, la cuestión clave ha sido ganarse al ciudadano común y corriente, al cual pocas veces se le da importancia.
En el discurso público y político la trampa del debate de la desigualdad económica nos obliga a pensar en polarización y en clases depauperadas oprimidas por los ricos. Donde hay que gente que no puede salir de la pobreza porque hay personas que tienen mucho dinero. Esta demagogia nos encierra en un marco conceptual lleno de prejuicios que no nos deja analizar lo más importante: de qué manera se puede promover la movilidad social, reducir la pobreza y liberar el potencial que todas las personas atesoran.
Actualmente, desigualdad, movilidad social y reducción de pobreza se utilizan como sinónimos en el debate político y económico cuando, en realidad, ni quieren decir lo mismo ni las soluciones para esos problemas son las mismas. Muchos estudios muestran que, aunque estos fenómenos están relacionados, no existe causalidad; es decir, que una mayor desigualdad no necesariamente genera más o menos movilidad social o más o menos pobreza. Finlandia tiene el mismo nivel de desigualdad que Ucrania, y Dinamarca que Pakistán. Aunque España tiene la misma desigualdad que Yemen, un pobre no vive igual en Yemen que en España. Si el problema fuese la desigualdad, Ucrania, Pakistán y Yemen serían potencias mundiales.
La verdadera trampa es en la que caemos al aceptar soluciones a la desigualdad que generan más barreras a la movilidad social e impiden reducir la pobreza. Las más comunes son los altos impuestos que se hacen pagar a las empresas, la letanía de regulaciones que ahogan la competitividad y las subidas de sueldos mínimos para los trabajadores. Exactamente lo que el esperado gobierno de Pedro Sánchez está proponiendo, por cierto. No obstante, los países con menos desigualdad y más movilidad en el mundo son aquellos que tienen los mejores niveles de competitividad, mayor facilidad para hacer negocios (doing business), mercados laborales más flexibles y bajos niveles de corrupción.
Los países escandinavos se sitúan en cabeza en cuanto a menor desigualdad y mayor movilidad social. Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia son países que también figuran en lo más alto de los rankings de competitividad y facilidad para hacer negocios. Además, son los cuatro mejores países en los índices que miden Estado de derecho y corrupción; es decir, tienen instituciones sólidas. En cambio, por poner un ejemplo, España ocupa actualmente el puesto 30 del índice Doing Business, muy por detrás de muchos de sus pares europeos.
Mientras que en los países escandinavos los impuestos sobre la renta son altos, los impuestos de sociedades no lo son, fluctuando las tasas alrededor del 20- 22% cuando en España son del 25%. No son datos irrelevantes; todas las investigaciones académicas apuntan a que los impuestos más perjudiciales para el desarrollo económico son los impuestos a las empresas y no los que gravan la renta personal. Los ciudadanos de los países nórdicos pueden pagar impuestos más altos sobre la renta porque hay más dinamismo económico, más participación laboral y menos inflación. Y es que, en cuanto a flexibilidad laboral, otro de los elementos esenciales para generar mayor movilidad social, nuevamente Dinamarca está en la cima de los rankings y España muy atrás. Los escandinavos tienen las tasas de empleo más altas de la OCDE y promueven enormemente la iniciativa privada. Por ejemplo, la tasa de participación laboral, es decir, cuánta gente trabaja de entre la población económicamente activa, es del 82% en Suecia y del 76.4% en Dinamarca, mientras que en España la tasa fue del 58% en 2017, según los datos de los respectivos institutos nacionales de estadística. Otro factor clave que hay que subrayar es que dicha tasa de participación laboral entre los jóvenes de entre 15 y 24 años es del 58% en Dinamarca. ¿Cuántos jóvenes de entre 15 y 24 años trabajan en España? Solo el 22%.
En última instancia, el factor que más favorece la movilidad social y la reducción de la pobreza es el empleo. Los planes sociales y ayudas gubernamentales, aunque necesarios para evitar que los más vulnerables caigan en la miseria, también generan dependencia y reducen la productividad. En circunstancias normales, nunca son un buen sustituto, ni económico ni psicológico, para un ingreso sostenible y digno que provenga del propio trabajo. De ahí la importancia de crear condiciones en el mercado que generen empleo. De ahí que nada sea mejor que facilitar la iniciativa privada eliminando barreras a la competitividad y creando un ambiente que favorezca el hacer negocios de acuerdo a las reglas del Estado de derecho.
El trabajo está indefectiblemente ligado a la educación. A pesar de que la movilidad social en España no es de las peores en la región o en la OCDE, la movilidad social basada en la  educación recibida sí está muy por debajo de la media de la OCDE. El objetivo principal de cualquier política educativa es preparar a los ciudadanos para el mercado laboral y tener gente capacitada que pueda ayudar al desarrollo del país. Pero, si los trabajos y los incentivos para emprender no existen, ¿qué papel juega la educación? Y esto sin siquiera entrar en el espinoso asunto de la calidad de la educación en España.
En conclusión, nadie puede seriamente argumentar que quiere ayudar a los pobres y a las poblaciones marginales si lo que realmente propone son políticas que pretenden atajar la desigualdad económica generando más barreras al emprendimiento, dando bríos al sector informal y privando a una gran parte de la sociedad de la oportunidad de integrarse exitosamente en la fuerza laboral.
No podemos seguir cayendo en la trampa que nos tienden aquellos que con la excusa de ayudar a los pobres lo que hacen es recetarles medidas que generan aún más pobreza. No podemos seguir encerrados en el debate de la desigualdad de ingresos, pues esta es solo un síntoma de otros problemas estructurales mucho más importantes. Solo si España decide tener una economía más dinámica, emprendedora, menos y mejor regulada, flexible, más inclusiva gracias a una buena educación y oportunidades de acceso al mercado laboral, se podrá realmente reducir la pobreza y generar mayor movilidad social. Y esto va más allá de cualquier proceso electoral.  Afecta de lleno al ciudadano común y corriente que solo busca mejorar su vida y la de su familia.
Por Fígaro. 

Con los socialistas vuelve el incumplimiento

Nadia Calviño, Ministra de Economía (MINECO)

Pedro Sánchez accedió a la presidencia del Gobierno gracias a una moción de censura “destructiva”, más que constructiva tal y como obliga la Constitución con la presentación de un candidato, pues Sánchez ni siquiera esbozó un programa de Gobierno. Su única excusa para desalojar al PP del Ejecutivo fue una sentencia que no decía lo que él sostenía que decía. Para ello, como es bien conocido, se apoyó en la extrema izquierda de Podemos, los independentistas y el PNV, si es que se puede hacer alguna diferencia entre los separatistas y los nacionalistas vascos.
En estos once meses -el tiempo que media desde la moción de censura hasta la celebración de las elecciones generales- no es que Sánchez pudiese hacer mucho en materia económica pero sí ha hecho lo suficiente para que la economía se adentre de nuevo en un sendero equivocado: incremento del gasto, subida de impuestos, déficit, deuda y un gran intervencionismo.
El gobierno presentó un proyecto de Presupuestos Generales del Estado que era un auténtico despropósito, incrementando el techo de gasto no financiero en 5.000 millones de euros y del gasto consolidado en 23.000 millones de euros, más una subida de casi 6.000 millones de euros en impuestos. Previamente, había aprobado por decreto la subida del salario mínimo en un 22,3%, con el grave perjuicio que supone para la economía y el paro. En el mes en el que comenzó su aplicación, enero de 2019, casi 205.000 personas perdieron su empleo -tal y como refleja la afiliación a la Seguridad Social- y, con ello, la base mínima de cotización en la misma cuantía. La base máxima la incrementó un 7%.
Sánchez ha enviado ahora a Bruselas la actualización del programa de estabilidad para el período 2019-2022, ya ganadas las elecciones y sin temor a perder votos al desvelar su contenido. Observamos que replica el propósito de subida de impuestos que acompañaba al proyecto de Presupuestos que fue devuelto al Gobierno. De esta manera, cifra en 5.654 millones de euros más la subida de impuestos, donde toca casi todas las figuras tributarias: 4 puntos el IRPF, fijar en un 15% el tipo mínimo medio efectivo de Sociedades, subir 15 puntos el impuesto a las SOCIMI’s, un 31% el diésel un 0,2% las transacciones financieras o un 3% de impuesto para determinados servicios digitales.
Del mismo modo, mantiene la subida de las bases mínimas y máximas a la Seguridad Social, junto con algunas otras medidas en dicha materia. Todo ello con la esperanza de incrementar la recaudación en 3.786 millones de euros.
En definitiva, casi 10.000 millones de euros al año sólo por la subida de impuestos. Siempre es un error subir impuestos, se le suban a quien se le suban, pero es que además es falso que no se los vayan a subir a la clase media, pues las cifras de incremento de recaudación que prevén -tanto por la subida de impuestos como por la evolución de la actividad económica- sólo son posibles si la clase media, que es quien sostiene la recaudación en todas las economías, es la principal afectada.
Así, con el gobierno de Sánchez han regresado los incumplimientos: en 2018, incumplió el objetivo de déficit fijado con Bruselas, en el 2,2%, y cerró en el 2,48%. De la misma manera, estima que para 2019, el presente ejercicio, el déficit será siete décimas mayor que el acordado con Bruselas por el Gobierno del PP, y en lugar del 1,3% de déficit, prevén llegar al 2% de déficit sobre PIB, es decir, casi 9.000 millones más de desviación, casi 9.000 millones más de deuda.
No queda ahí la cosa. Distintos organismos nacionales e internacionales estiman que esa desviación prevista por el Gobierno se queda corta y prevén un déficit del 2,3% del PIB para 2019, según la Comisión Europea y el FMI, o del 2,5% del PIB, según el Banco de España. Esta última desviación supondría un quebranto adicional de 14.500 millones de euros.
Otra cosa es que se pueda cumplir su previsión de recaudación, que llevaría a que, en 2022, sólo por tributos, se recaudasen 95.505 millones más que en 2018. Esa previsión de ingresos está realizada sobre unos crecimientos económicos excesivamente optimistas, con unos incrementos del PIB nominal del 3,9%, 3,6%, 3,6% y 3,5% para cada uno de los años del período 2019-2022, respectivamente; con un crecimiento del PIB real que va del 2,2% al 1,8%, cifra esta última que estiman que será el crecimiento potencial de la economía española, y con un gasto que se incrementa, elemento que dificulta la solución del mayor problema que tiene  la economía nacional: el elevado nivel de deuda.
El PSOE ha aumentado el déficit de cada ejercicio respecto a lo acordado con Bruselas por el Gobierno del PP, de manera que eliminan el superávit del 0,1% previsto para 2021. Al retrasarlo -y no como superávit, sino como equilibrio presupuestario- a 2022, la desviación puede ser mucho mayor si estas previsiones de marcha de la economía y de evolución de ingresos no se cumplen, como parece que sucederá.
Adicionalmente, el gobierno ha realizado sus previsiones sobre un escenario base que, como he mencionado, es extremadamente optimista. No han tenido en cuenta la posibilidad real de una subida de tipos al final del período, de una subida del precio del petróleo o de una mayor desaceleración en nuestros socios comerciales, lo que tendría un impacto muy negativo en nuestra economía. Estiman esos riesgos al final del documento enviado a Bruselas, pero no los incluyen en sus cálculos base. Por ejemplo, si los tipos de interés subiesen 120 puntos básicos, se deteriorase algo más la economía de nuestros socios comerciales y el barril de petróleo se incrementase en 10 dólares, el PIB crecería un punto menos, el déficit sería 1,9 puntos superior y la deuda se elevaría en otros 2,9 puntos.
Todo apunta a que el documento enviado por el gobierno a Bruselas no es más que un papel lleno de buenas intenciones, cuadrado por necesidad. Todo apunta a que se desviará de los objetivos fijados, de manera que al incumplimiento inicial ya reflejado en el documento, se le sumaría la desviación fruto de una realidad económica bien distinta de la que plasma el gobierno en su escenario base. Parece que con los socialistas volverá, una vez más, el incumplimiento en los objetivos de déficit y deuda, en grave perjuicio de los intereses de los españoles.
Por Fígaro. 

“Conservadurismo” de Roger Scruton


Allá por los años álgidos del tatcherismo, uno de los asesores más cercanos a la Dama de Hierro en Downing Street, en ocasiones también redactor de sus discursos, John O’Sullivan, acuñó un axioma político que, con el paso de los años, ha resultado contundentemente cierto. La conocida como “Primera Ley de O’Sullivan” declara que “all organizations that are not actually right-wing will over time become left-wing”.

Esta afirmación, tomada en conjunto con otros tantos libros, artículos y conferencias disponibles en los últimos años, quizá arroje un poco de luz en el difícil proceso de evolución que está sufriendo Occidente durante las últimas décadas. Los ya archi-manidos movimientos, mal llamados populistas, que como esporas se han multiplicado desde las riberas del Danubio hasta las del Mississippi han supuesto una ruptura de las clásicas concepciones en el juego de las políticas democráticas (entendiendo, eso sí, por clásicas las del siglo XX). La ciclogénesis generada por Trump et allii ha forzado la necesidad, sentida desde hace tiempo, de revaluar, revisar y pulir los conceptos de filosofía política configurados en la etapa de posguerra. Y “Conservadurismo” de Roger Scruton contribuye a esa tarea.
En principio hay algo virtuoso en la misma noción de constancia, siendo el disgusto por el cambio no sólo la característica de una mente virtuosa sino en cierto sentido una virtud en sí misma”. Cuando John Henry Newman pronunció esta frase en una de sus homilías en St Mary, todavía era una de las luminarias del movimiento de Oxford, adalid de la cosmovisión conservadora dentro del anglicanismo. Scruton, sin llegar a suscribir esta versión estricta del espíritu conservador, bebe de ella. Enraizándose directamente en una tradición política puramente británica, o quizás más bien anglosajona, traza un recorrido sucinto y práctico por los fundamentos y la historia de lo que se ha convenido en llamar conservadurismo. Más que una labor arquitectónica, Scruton realiza una labor de poda, perfilando las aristas más selváticas de una filosofía política sin la que no se puede llegar a entender la configuración de la sociedad actual.
La principal virtud de la obra de Scruton se muestra a dos niveles. El primero, la accesibilidad con la que trata el material de base. Como buen profesor de filosofía, la habilidad de Scruton reside en su capacidad de ilustrar con bonhomía y sencillez conceptos, ideas o concepciones filosóficas normalmente obtusas y oscuras. En un segundo nivel, a esa facilidad de exposición se añade la cercanía temporal con las situaciones de hoy. Scruton no escribe un libro para los conservadores de todas las épocas, sino para los lectores del siglo XXI. Sin necesidad de expresarlo de una manera explícita, queda patente que las líneas filosóficas, los ejemplos y los modos de decir que utiliza no son baladí, sino que están claramente delimitados y dirigidos a personas que viven la realidad del gobierno de Merkel en Alemania y de Trump en Estados Unidos.
La estructura del libro es sencilla y su extensión, reducida. Se acerca más al opúsculo que a un ensayo propiamente dicho. La primera parte -sin estar como tal delimitada- comprende los dos primeros capítulos y aborda la génesis del movimiento conservador. Bebiendo directamente del realismo filosófico de la Grecia clásica, sobre todo de Aristóteles, Scruton sitúa el nacimiento de su criatura en los albores de la Ilustración, si bien no de la francesa sino de la inglesa y escocesa. Así dice: “el conservadurismo moderno es un producto de la Ilustración, pero en él resuenan aspectos de la condición humana que pueden encontrarse en todas las civilizaciones y períodos de la historia.” Para Scruton, el conservadurismo moderno surge de la teorización política y filosófica que acompaña al desarrollo económico, social e intelectual de finales del siglo XVII y, sobre todo, del siglo XVIII. Figuras como Locke, Hume, Montesquieu, Thomas Jefferson y Edmund Burke van desfilando y aportando su granito de arena en la construcción de este edificio.
La segunda parte (que podría situarse a partir del tercer capítulo) examina cómo fue germinando el “genio conservador” por otras latitudes, concretamente en Francia y en Alemania. En cada una de ellas, con sus particularidades y delicadezas propias, acabó adoptando una modalidad autóctona, una marca propia, dentro de la fisonomía conservadora. En Francia, señala Scruton, la impronta de Chateaubriand se dejó sentir con fuerza, mientras que en Alemania fueron Kant y Hegel los que aportaron más al acervo conservador.
El siguiente bloque, la tercera parte, comprende los tres últimos capítulos. Del plano puramente teórico e histórico, Scruton pasa al terreno social y cultural. Analiza el influjo que las diversas manifestaciones del conservadurismo han tenido en las realidades culturales donde ha estado presentes. Aquí cobran protagonismo Ruskin, Matthew Arnold y T.S. Eliot. Y tras la cultura aparece, no podía ser de otra manera, la economía. En este caso, defiende Scruton, el movimiento conservador metamorfosea como reacción a las corrientes socialistas tan en boga tras concluir las contiendas mundiales; es el turno de Hayek y de Friedman. Y su labor, una vez más en el plano cultural, es completada por luminarias de la talla de Maritain y Ortega, entre otros. Concluye el libro con un somero y recomendable análisis de la salud del conservadurismo en el siglo XXI: “el conservadurismo seguirá siendo un ingrediente necesario de cualquier solución que se ofrezca a los problemas actuales”.
En las épocas de zozobra política y cultural a las que asistimos, obras como la de Scruton contribuyen a calmar la marejada. Lejos de dogmatismos y apriorismos, Scruton construye un esbozo más que satisfactorio de lo que, claramente, es una manera de entender el mundo muy cercana a su corazón. El autor defiende su objeto de análisis con la convicción de quien vive como piensa y piensa como vive. Se agradece su candidez y su sinceridad, pues resulta refrescante un intelectual que, sin complejos ni recovecos, invita al lector a adoptar una forma de pensar, de concebir la sociedad. En el plano puramente técnico quizás se echa en falta una fundamentación antropológica de más raigambre. En todo caso, Scruton, como buen filósofo de tradición inglesa, se siente más cómodo en el plano de la filosofía moral, la puramente práctica.
Roger Scruton es un filósofo inglés, profesor de Cambridge y prolijo escritor y divulgador en distintos medios. A lo largo de su dilatada carrera ha publicado más de cuarenta libros, la mayoría relacionados con la filosofía política y estética, sus dos principales áreas de estudio. En su faceta de colaborador en televisión, su documental “Why Beauty Matters” fue objeto de mucha polémica tras su retrasmisión por la BBC. 
Por Fígaro. 

40 aniversario: Margaret Thatcher se convierte en la primera mujer jefe de gobierno en Europa


En las elecciones generales de 1979 en el Reino Unido, Margaret Thatcher llevó al Partido Conservador a la victoria. Su partido obtuvo 339 escaños, mientras que el Partido Laborista se quedó en 269. Margaret Thatcher fue la primera jefa de gobierno electa del Reino Unido y de Europa. También fue la primera en acceder a ese cargo con un título universitario en ciencias. La elección de 1979 fue la primera de cuatro victorias consecutivas para los Tories y para Thatcher, primera ministra del Reino Unido desde el 4 de mayo de 1979 hasta el 28 de noviembre de 1990. Fue la líder británica más influyente del siglo XX y repetidamente descrita como la mujer más poderosa del mundo. También fue la más popular en la historia del Partido Conservador, obteniendo más de 40 millones de votos para los Tories entre 1979 y 1987. Esta fue la primera entrevista que dio el 4 de mayo de 1979, al llegar al número 10 de Downing Street:
  • «Well, it’s been a wonderful campaign. Congratulations!
Mrs. Thatcher
  • Thank you very much.
Question
  • How do you feel at this moment?
Mrs. Thatcher
  • Very excited, very aware of the responsibilities. Her Majesty The Queen has asked me to form a new administration and I have accepted. It is, of course, the greatest honour that can come to any citizen in a democracy. (Cheering) I know full well the responsibilities that await me as I enter the door of No. 10 and I’ll strive unceasingly to try to fulfil the trust and confidence that the British people have placed in me and the things in which I believe. And I would just like to remember some words of St. Francis of Assisi which I think are really just particularly apt at the moment. ‘Where there is discord, may we bring harmony. Where there is error, may we bring truth. Where there is doubt, may we bring faith. And where there is despair, may we bring hope’ …  and to all the British people—howsoever they voted—may I say this. Now that the Election is over, may we get together and strive to serve and strengthen the country of which we’re so proud to be a part. [Interruption “Prime Minister …   .” ] And finally, one last thing: in the words of Airey Neave whom we had hoped to bring here with us, ‘There is now work to be done’.
Question
  • Prime Minister, could I ask you if you would tell us what sort of administration you would like to have over the next five years?
Mrs. Thatcher
  • Well, we shall be going inside and we shall be getting on with that as fast as we can …   . but I think the first job is to try to form a Cabinet. We must get that done. We can’t really just …
Question
  • How soon do you think you’ll be able to name your Cabinet?
Mrs. Thatcher
  • Well, certainly not today. I hope to have some news by tomorrow evening. It’s a very important thing. It’s not a thing that should be suddenly rushed through. It’s very important.
Question
  • And what will you be doing for the rest of today?
Mrs. Thatcher
  • I shall be here working.
Question
  • Have you got any thoughts, Mrs. Thatcher, at this moment about Mrs. Pankhurst and your own mentor in political life—your own father?
Mrs. Thatcher
  • Well, of course, I just owe almost everything to my own father. I really do. He brought me up to believe all the things that I do believe and they’re just the values on which I’ve fought the Election. And it’s passionately interesting for me that the things that I learned in a small town, in very modest home, are just the things that I believe have won the Election. Gentlemen, you’re very kind. May I just go … «